
Anaís Serrano
El ‘policía del mundo’, en su intento desesperado por recuperar
el poder que ha venido perdiendo en las últimas dos décadas,
insiste en viejas y conocidas maniobras para enmascarar su
doctrina Monroe.
colombia y México saben muy bien lo que significa
la supuesta «lucha contra las drogas» de Estados
Unidos. Fortalecimiento del injerencismo, pérdida
de soberanía, violación masiva y sistemática de
derechos humanos de la población, aumento del narcotráfico
y la corrupción, fueron el saldo final del Plan Colombia y el
Plan Mérida.
La fracasada Guerra contra las drogas
Aunque la injerencia estadounidense no suele retroceder,
a no ser que haya una Revolución que la detenga, lo cierto
es que esta nueva “declaratoria de guerra” a los carteles del
narcotráfico, enciende justificadas alarmas tanto en México
como en Colombia.
Aunque pudiera pensarse que es difícil aumentar la
injerencia estadounidense en nuestro país, tristemente hay
que decir que siempre es posible entregar aún más soberanía,
sobre todo cuando Colombia es socio global de la OTAN, cuenta
con unas Fuerzas Militares que han normalizado obedecer
órdenes de comandantes extranjeros, y para quienes la
palabra soberanía solo existe cuando se trata de pelear con
otros países de Nuestra América.
Esta guerra contra los carteles es un riesgo real para
Colombia y para México, países en los que EEUU ha operado
permanentemente, pero que bien pudiera incrementar sus
operaciones abiertas y encubiertas en nuestro territorio. La
reciente presión para certificar a Colombia en materia de
lucha contra el narcotráfico da cuenta de ello.
Venezuela y Honduras en la mira
Lo novedoso de esta “declaratoria de guerra”, ha sido
que, días antes, la Fiscalía estadounidense dictaminó que,
según ellos, Nicolás Maduro es uno de los más peligrosos
narcotraficantes de la región y se atrevió a aumentar la
recompensa, hasta colocarla en este momento en 50 millones,
esto es por encima del monto que ofreció por Bin Laden, a
quién acusó del más grave crimen terrorista ocurrido en
territorio estadounidense.
Es así como Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana en
general, son los primeros y más grandes amenazados con
esta declaratoria de supuesta guerra contra los carteles de
la droga.
Pero como si esto fuera poco, la Fiscalía estadounidense señaló
que esa droga, que supuestamente saldría de Colomba hacia
Venezuela, se dirigiría a EEUU vía Honduras, amenazando así
también al gobierno de Xiomara Castro y a ese digno pueblo
mesoamericano, que apenas ha comenzado a recuperarse del
golpe de Estado dirigido por los EEUU contra el gobierno de
Zelaya en el año 2009.
Con esta excusa se anunció el despliegue naval del Comando
Sur en el Mar Caribe, con 4.500 marines. Luego de unos
días, y tras la excusa de las dificultades que ha generado
la temporada de huracanes, esta operación naval parece no
haber existido, más allá de los reiterados titulares diseñados
para aterrorizar a los pueblos, en los que se comparaba este
despliegue con el que precedió a la invasión a Panamá.
La DEA y su esfuerzo por administrar las drogas
Como su nombre lo indica, esta institución norteamericana,
lejos de acabar con el narcotráfico, lo administra. Crea y
desaparece carteles, decide quién vende y quién no, quién
lava capitales y quién no. Mezcla el narcotráfico y la
estrategia contrainsurgente de los EEUU en los países que
ocupa o simplemente domina, particularmente en Nuestra
América. Por esto, las consecuencias de su actividad en
nuestros países pueden medirse más por el aumento de la
injerencia estadounidense y la violencia contra los pueblos,
que por la disminución de los negocios relacionados con el
narcotráfico; razón por la que el comandante Hugo Chávez y
el presidente Evo Morales en Bolivia, decidieron expulsar a
la DEA de sus países.
No cabe duda entonces que el anuncio de esta supuesta
guerra contra los carteles, no es más que una hipócrita
amenaza a la soberanía de nuestros pueblos, que en realidad
no se plantean acabar con un negocio tan lucrativo para el
capitalismo, basta ver, como luego de sus intervenciones
militares, ocupaciones e injerencias, como en los casos de
Colombia y Afganistán, los cultivos y el procesamiento de
droga, se han fortalecido; no buscan, por tanto, exterminar
a los carteles que ellos mismos manejan para garantizar la
legitimación de capitales, la guerra contra insurgente y el
control de los pueblos, sobre todo el de su propia población
enajenada, que continúa siendo sin lugar a dudas, la mayor
consumidora de drogas del planeta.