Comando Central (COCE)
El gran líder que es Camilo Torres Restrepo, dejó de ser el
desaparecido más escondido que había en Colombia, para
recordar su legado como cristiano revolucionario, entregado
a la causa emancipadora de la mayoría, que él llamó la clase
popular colombiana.
Como una estrella fugaz, Camilo atravesó el firmamento
político colombiano, como cristiano revolucionario,
sociólogo, líder político y comandante guerrillero. Como
sociólogo definió la ruta de la lucha política, a partir
de idear la conversión del pueblo en una potente fuerza social
organizada, que actúa a favor de la mayoría, para que nuestro
país llegue a ser una verdadera democracia. Así la proyectó en
1964:
“Las clases populares, mayoritarias no constituyen ‘grupos de
presión’ por no poseer una conciencia de necesidades comunes,
no tener una actividad unificada, no poseer una organización
de envergadura nacional, ni un minimum de objetivos políticos
comunes. Si las mayorías no logran tener estos requisitos, Colombia
no llegará a ser una verdadera democracia” [1].
Un año después, en pleno apogeo de su campaña política nacional,
agitando y organizando la toma del poder por la mayoría, le reiteró
a Colombia su identidad como cristiano revolucionario:
“Yo he dicho que soy revolucionario como colombiano, como sociólogo,
como cristiano, como sacerdote” [2].
Como buen maestro que fue, Camilo le explicó al país, el sentido
que encierra la palabra revolución, definida como una obra de Amor
Eficaz con la clase popular, y hacer la revolución, entendida como
un deber para todo cristiano:
“Es necesario, entonces, quitarles el poder a las minorías privilegiadas
para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es
lo esencial de una revolución, la revolución puede ser pacífica si las
minorías no hacen resistencia violenta… La revolución no solamente
es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la
única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos… me he
entregado a la revolución por amor al prójimo” [3].
El salto en la conciencia que implica asumirse como integrante de
la clase popular, de los de abajo, de los nadie, de los empobrecidos
y excluidos, lo enraíza Camilo en las tesis del líder histórico, Jorge
Eliécer Gaitán (1903-1948), para quien el pueblo colombiano siempre
ha resultado superior a sus dirigentes, enseñanza que llega hasta
nuestros días.

Camilo a partir de darle contenido a la conciencia de clase, convoca
al pueblo a no entretenerse solamente en luchas parciales, para
mantener presente que el logro definitivo de la revolución, es la
toma del poder por parte de las mayorías colombianas:
“El movimiento de Gaitán consolida una conciencia de clase
que la violencia oficial no ha logrado borrar… Que cada lucha
parcial por ventajas inmediatas no pierda de vista el hecho de
que la reivindicación total y definitiva, no podrá venir sino como
consecuencia de la toma del poder por parte de las mayorías, por
parte de la clase popular colombiana” [4]
Para Camilo, otro de los obstáculos que debe remover la clase
popular, es la cultura inducida por las clases dominantes, sobre
la supuesta eficacia de afiliarse a partidos policlasistas, para
intentar resolver los problemas del país; a esta denuncia, Camilo
agrega el llamado a conformar organizaciones políticas de la clase
popular, construidas de abajo hacia arriba, unidas alrededor de
objetivos comunes, como instrumentos útiles para la toma del
poder:
“Mis planteamientos se reducen a que las mayorías ejerzan el
poder, para que las decisiones gubernamentales sean en favor
de las mayorías y no de las minorías… No vamos a repetir la
carrera de los partidos tradicionales, no vamos a seguir con
esta dependencia a la clase dirigente que sistemáticamente ha
traicionado al país y los ideales nacionales… Continuamos con
una clase minoritaria dirigiéndonos y esa clase minoritaria ideó
una organización política apta y eficaz para controlar a la clase
popular; esa organización política policlasista, donde la clase
minoritaria está en la cima hasta la clase popular que está en la
base” [5].
Como aire fresco, 60 años después de su caída en combate en
Patio Cemento, el legado ideológico, político y organizativo
de Camilo, revitaliza la lucha política que hoy libramos en
Colombia.
