Himelda Ascanio
La experiencia es la mejor maestra en la política como en la
vida. En las comunidades indígenas, negras y campesinas han
sabido relacionarse y defender la Madre Tierra; en cambio, de
las oligarquías mafiosas que saquean el país, no viene nada
bueno para la sociedad colombiana.
Va cayendo el telón de este primer gobierno de origen
no oligárquico; que no fue el del Cambio que muchos
esperaban; porque, entre errores, imposibilidades
y/o realidades políticas en Colombia, más allá
de la crítica descarnada o de la adulación acrítica, lo más
importante son los aprendizajes de esta experiencia de
gobierno, sobre todo en lo que se refiere a las apuestas
estratégicas, como la paz.
Ni los cambios ni la paz vendrán desde este Estado
Para algunos es un aprendizaje, para otros una ratificación;
el Estado colombiano está secuestrado por una oligarquía
mafiosa, que impone un régimen criminal, narcotraficante
y paramilitar. El poder que ejercen desde el legislativo y
desde la rama judicial, impide cualquier construcción de paz
y solución política de la guerra. Esto limita las posibilidades
de cualquier gobierno, por más buenas intenciones que tenga,
pero sí además, de manera equivocada a esta oligarquía se le
da entrada al gobierno, es obvio que no habrá reformas y
mucho menos posibilidades de tan siquiera iniciar cambios
estructurales.
La posibilidad de construir la paz y las transformaciones de
fondo, reside en la capacidad de movilización de las mayorías
populares; en la organización unitaria, creativa y combinada
de las diferentes acciones; en la posibilidad de articular y
desarrollar un Acuerdo Nacional, que nos permita como
sociedad plantear una ruta dialogada para la superación del
conflicto.
Desde las mismas lógicas del Estado actual es imposible
propiciar cambios. Menos aún con la injerencia y la amenaza
imperialista de los Estados Unidos. Las cuales habrá que
remontar, para ejercer y defender una soberanía real, con
autodeterminación política y disposición para discutir
los cambios del régimen político y económico, así como la
Doctrina de Seguridad.

Nuevas estrategias, romper con las fracasadas e im-
puestas
La decadencia progresiva e inevitable del imperio
norteamericano, ha hecho que muestre una de sus peores
caras al reeditar la doctrina Monroe, sazonada con la
bestialidad, el fascismo y el supremacismo del presidente
Trump. Sus viejas y fracasadas estrategias de intervención
y perpetuidad de la guerra en otros países, deben ser
superadas.
Por ello hay que superar con firmeza la impuesta estrategia
contrainsurgente; quedó claro el nuevo fracaso de desconocer
el conflicto armado como un conflicto social y político, al igual
que la aplicación de estrategias de Desarme, Desmovilización
y Reinserción (DDR) con la insurgencia revolucionaria. Esa
ruta está más que fracasada y solo apunta a la continuidad
del conflicto y la instalación de guerras proxy, orientadas
por EEUU.
Las comunidades en los territorios han tejido Planes de Vida,
que deben ser abrazados con seriedad, puestos en el centro y
como parte fundamental de una propuesta nacional. Existen
experiencias que han avanzado en propuestas de discusión,
debate y construcción de agendas, programas y propuestas
conjuntas para la superación del conflicto y construcción de
la Paz.
En 2017 se realizaron en Tocancipá unas Audiencias
Preparatorias con la sociedad. También durante 2024 se
desarrollaron en todas las regiones del país, los encuentros
del Comité Nacional de la Participación (CNP), ambos procesos
como parte de la Mesa de Diálogos entre el ELN y el gobierno
nacional. Los cuales arrojaron bases para una agenda de
diálogos y para el proceso de superación del conflicto.
De este último proceso, está firmado el llamado Acuerdo 28
de Caracas, en el cual se plantean las líneas, metodologías y
formas construidas por la sociedad, representada en el CNP,
para un proceso de construcción de la paz, por la vía de la
solución política al conflicto.
Asesinado de la semana
Rubén Antonio Ríos Marín, era un reconocido líder social,
actual presidente de la Junta de Acción Comunal de la
vereda La Pica, en el municipio de Pueblorrico, Antioquia,
quien además se desempeñaba como Fiscal Principal de
ASOCOMUNAL para el periodo 2022–2026. Fue asesinado
el 24 de enero a las afueras de Pueblorrico, por hombres
encapuchados.
Elizabeth Zapata Osorno, era una reconocida lideresa social
y comunal, expresidenta de la Junta de Acción Comunal de
la Vereda El Cedrón en el municipio de Tarso, Antioquia. Fue
asesinada el28 de enero, en medio de una incursión armada
que generó una masacre en la que también resultaron como
víctimas su esposo y otro joven de la zona.
