Damaris Izaguirre
En la década el 60 del siglo anterior, el pueblo era
oprimido y exprimido por el régimen al amparo del
sistema político burgués; en la segunda década
de este siglo la situación es igual, incluso la subyugación es aún mayor, lo que
hace vigentes los postulados del Padre Camilo Torres.
La implementación de una política burguesa que
responde a los intereses del modelo capitalista y
el neoliberalismo, desde hace más de una centuria,
y la preservación de este modelo y sus políticas,
ha ocasionado que en Colombia exista una gran pobreza y
desigualdad social, que contrastan con los privilegios que
tienen una élite minoritaria, que vive en medio de lujos y
riqueza, a cuya sombra parasitan los partidos tradicionales
expertos en explotar las ilusiones de Los Nadie y ser serviles
a los intereses del viejo régimen.
Esta desigualdad marcada ha sido un ‘caldo de cultivo’ que
le ha permitido al régimen y sus políticos, instrumentalizar
los anhelos de cambio y de esta forma sostener el statu
quo y que los politiqueros lleguen a cargos de elección
popular; pero a su vez, no subsanar esta crisis social, se
ha convertido en detonante del conflicto social, político y
armado, aún sin resolver, porque están sin subsanar las
causas socioeconómicas que lo gestan.
El momento político y socioeconómico de la década del 60 del
siglo anterior, no ha cambiado mucho respecto al contexto
actual, por ende, hace relevante y vigente los planteamientos
del Padre Camilo, como lo afirmado décadas atrás en su
Proclama a los colombianos de enero de 1966:
«Cuando el pueblo pedía un jefe y lo encontró en Jorge
Eliécer Gaitán, la oligarquía lo mató. Cuando el pueblo pedía
paz, la oligarquía sembró el país de violencia. Cuando el
pueblo ya no resistía más violencia y organizó las guerrillas
para tomarse el poder, la oligarquía intentó el golpe militar
para que las guerrillas, engañadas, se entregaran. Cuando
el pueblo pedía democracia se le volvió a engañar con un
plebiscito y un Frente Nacional que le imponían la dictadura
de la oligarquía. Ahora el pueblo ya no creerá nunca más.
El pueblo no cree en las elecciones. El pueblo sabe que las
vías legales están agotadas (…) el pueblo está desesperado y
resuelto a jugarse la vida para que la próxima generación
de colombianos no sea de esclavos. Para que los hijos de los
que ahora quieren dar su vida tengan educación, techo,
comida, vestido y, sobre todo dignidad. Para que los futuros
colombianos puedan tener una patria propia, independiente
del poderío nortearnericano».
«La oligarquía quiere organizar otra comedia de elecciones;
con candidatos que renuncian y vuelven a aceptar; Con
comités bipartidistas; con movimientos da renovación a base
de Ideas y de personas que no sólo son viejas, sino que han
traicionado al pueblo. ¿Qué más esperamos, colombianos?
(…)».
El Gobierno del cambio se hizo elegir con unas banderas
de transformación social propias de la izquierda, pero este
Gobierno progresista está lejos de lo que es la línea política de
la izquierda; porque no está dispuesto a instaurar reformas
estructurales, ni preparado para hacer una ruptura radical
con el régimen.
La reciente incorporación de Armando Benedetti a los
niveles más altos del poder ejecutivo, causa malestar en
gran parte en Colombia y demuestra que Petro otra vez le
apuesta a reconciliarse con el régimen, procurando una
supuesta gobernabilidad que jamás ha existido ni existirá,
porque para el régimen y el Tío Sam, priman los intereses
de clase.
La élite y el régimen mueven sus hilos para evitar que
cualquier intento popular o progresista, les quite su
intención de retomar el control del poder ejecutivo;
¿realmente podemos lograr un cambio por la vía electoral?,
¿es posible un cambio estructural sin deponer la política
burguesa?
La movilización social y popular que convulsionó al país
en 2021, durante más de dos meses -denominado como
Estallido Social-, en escénica es resultado de un contexto
socioeconómico, que ha no podido ser subsanado y es
la praxis de los planteamientos políticos; por ende, las
transformaciones estructurales que exigió el Estallido Social
de 2021, son mandatos populares que deben cumplirse con
o sin apoyo de los Gobiernos, la sentencia popular dice que
‘solo el pueblo, salva el pueblo’.
Uno de los principales planteamientos de Camilo Torres, es
la unión de la clase popular para restablecer el orden social
y permitir que los que tienen hambre y sin oportunidades
laborales, los excluidos y quienes no tienen acceso a la
tierra, entre otros, logren cambiar sus condiciones y tengan
una vida digna; esto exige la toma del poder para la clase
popular colombiana, poco probable de lograr por la vía
electoral, pues hasta ahora todos los Gobiernos sin excepción,
han instrumentalizado las necesidades de Los Nadie, por lo
tanto las tesis del Padre Camilo siguen vigentes y son la
brújula que guía el triunfo popular y la instauración de una
verdadera democracia.
