Claudia Julieta Parra
El trabajo informal ha crecido ostensiblemente -7 de cada 10
trabajadores-, lo que disminuye el poder adquisitivo y decrece la
población que cotiza al sistema pensional, lo que afecta la financiación
del modelo de prima media e impone que muchas personas queden
sin opción pensional.
La tasa de informalidad laboral se ubicó en 65,7 por ciento al
cierre de 2025, en otras palabras, más de la mitad de quienes
trabajan (7 de cada 10 trabajadores) reciben ingresos por
debajo del mínimo vital y, no tienen prestaciones sociales y
por ende no cotizan al sistema de salud ni al de pensione.
El Sistema General de Pensiones (SGP) tiene dos componentes: el
Régimen de Prima Media (RPM) [*], de carácter público (Colpensiones),
y el Régimen de Ahorro Individual con Solidaridad (RAIS) de las
empresas privadas (Protección, Porvenir, Colfondos y Skandia); en
el RPM se constituye un fondo común de naturaleza pública, para
garantizar el pago de las prestaciones de quienes se pensionen,
donde el monto de la pensión es el 65 por ciento del Ingreso Base de
Liquidación (IBL). El principal problema del RPM radica en que al
ser un fondo común en el que los cotizantes subsidian las mesadas
pensionales, su sostenibilidad está mediada por el ingreso constante
de nuevos aportantes, de lo contrario el sistema se convierte en una
pirámide financiera, donde los de la base subsidian las pensiones de
unos pocos en la cúspide, pero a su vez estos no alcanzaran la anhelada
jubilación.
El déficit de empleo y la proliferación del empleo informal hacen
insustentable el RPM, el subempleo -rebusque- no genera ningún tipo
de aportes al Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSS),
por otro lado, la baja remuneración salarial y la dificultad de acceder a
una pensión hace que muchos trabajadores que reciben salario mínimo
coticen a salud pero no a Pensión, cabe recordar que el Decreto 4465
de 2011, permite que los trabajadores independientes con ingresos
iguales o inferiores a un salario mínimo no coticen al SGP.
El país necesita una Reforma Pensional articulada a una Reforma
Laboral, que no debe ser para dar rentabilidad a las empresas
aseguradoras y no a los inversores; por ende el debate se centra
en la visión de país que se quiere, de la correspondencia entre
las generaciones, de la colectividad, la solidaridad y muchos otros
aspectos sobre cómo una sociedad organiza sus instituciones; por
tanto, mientras exista un sistema de ahorro privado donde cada
quien se labra su jubilación y un sistema cooperativo que subsidie
las pensiones de una élite, el sistema no solo será inequitativo y
deficitario sino inviable.
