Damaris Izaguirre
Los privilegios del régimen dominante son sostenidos
por las clases trabajadoras, explotadas con trabajo mal
remunerado y desangradas con altos impuestos; por esto
la élite dominante se opone a cualquier cambio que alivie, así
sea mínimamente a Los Nadie.
Este Gobierno progresista ve culminado su periodo
(2022-2026), sin haber logrado el mandato del
Estallido Social de 2021, ya que vio truncadas sus
promesas de cambio, no solo por la acción del régimen
que cerró filas y se opuso de toda forma posible de cambio
en favor de Los Nadie.
Como dice el refrán popular, ‘no hay cuña que apriete más
que la del mismo palo’, el principal lastre para el cambio
fue que el mismo Gobierno progresista, que jamás estuvo
dispuesto a hacer una ruptura con el régimen y mucho menos
desobedecer las órdenes del Tío Sam; los hechos hablan por si
solos, bajo el sofisma de lograr Gobernabilidad este Gobierno
sostuvo acuerdos con los Partidos hegemónicos -abiertos
defensores de los intereses del oligopolio y el régimen-, por
eso les mantuvo siempre las cuotas burocráticas y cargos
representativos, eso explica que sostuviera a toda costa, a
reconocidos camaleones políticos que viven de aprovechar
los Gobiernos sin importar su tinte político, como lo son Roy
Barreras, Armando Benedetti, entre otros.
El núcleo de la política económica siguió siendo la misma que
ha dictado el régimen y el Tío Sam en las últimas décadas; las
reformas de corto plazo que intentó implementar, no solo no
resolvían los problemas de fondo, sino que sucumbieron por
que trataron de ‘quedar bien con el dios y con el diablo’.
El núcleo de la política económica siguió siendo la misma que
ha dictado el régimen y el Tío Sam en las últimas décadas; las
reformas de corto plazo que intentó implementar, no solo no
resolvían los problemas de fondo, sino que sucumbieron por
que trataron de ‘quedar bien con el dios y con el diablo’.

Los politiqueros que hoy se ‘desgarran la vestiduras’ por
defender a los negociantes empresarios de la salud de los
colombianos, son los mismos que apoyaron la demanda
contra el más reciente aumento del salario mínimo, y que
se han opuesto a toda reforma que le carga impuestos al
oligopolio o que acabe con el lucrativo negocio de las EPS,
que se hacen ricas a costa del sufrimiento de la gente y del
desangre del ADRES (Administradora de los Recursos del
Sistema General de Seguridad Social en Salud), ¿quién dijo
que los politiqueros tradicionales defienden los intereses
populares?
Las transformaciones estructurales que exigió el Estallido
Social de 2021 no se pueden dejar a la deriva, son mandatos
populares que deben cumplirse con o sin apoyo de los
Gobiernos; es evidente que este y cualquier Gobierno que
no haga una ruptura radical con el régimen y el Tío Sam, es
incapaz de defender el interés popular y solo paliará algunos
estragos del neoliberalismo, para seguir sosteniendo el statu
quo.
El cambio no puede ser retorico, debe ser tangible y estructural,
y como ello significa ir en contra de las disposiciones del Tío
Sam, este, por incipiente que sea, no vendrá de manos ni
de este ni de ningún Gobierno que este subordinado al Tío
Sam; por esto, es vigente la consigna de que ‘solo el pueblo
salva al pueblo’, por lo tanto, la unidad popular y la lucha
determinada de los excluidos debe cualificarse y proseguir,
porque es la única de lograr transformaciones estructurales;
solo de manos de la lucha popular vendrán los cambios y las
transformaciones de fondo, que durante décadas le han sido
negadas a Los Nadie.
