Comando Central (COCE)
Este 8 de marzo se conmemora, en medio de un escenario de
sufrimiento en Palestina, Irán, África y América Latina, donde la guerra
y la pobreza se ensañan más contra las mujeres y las niñas, que
conforman más de la mitad de la población del mundo.
Mientras la crisis de acumulación del sistema
capitalista global agota los recursos, los bienes
de la naturaleza y la fuerza de trabajo de la
humanidad; las mujeres llevan sobre sus cuerpos
la obligación de continuar reproduciendo la vida. En un
sistema económico mundial que se niega a distribuir las
cargas de proteger y cuidar, las mujeres asumen los trabajos
que nadie quiere pagar: cuidar a la niñez, a las personas
enfermas y con discapacidad, alimentar y curar a sus
comunidades.
Esta situación se agrava en los países asediados por
los bloqueos y sanciones criminales del imperialismo
norteamericano, donde las mujeres enfrentan con mayor
dificultad la escasez de alimentos, medicinas y artículos
sanitarios.
Los defensores del liberalismo burgués, que prometían a las
mujeres una libertad ilusoria basada en el individualismo
y el consumo masivo de mercancías; hoy les piden desde
los discursos fascistas de la extrema derecha, que den un
paso atrás y se recluyan de nuevo en los espacios privados
y domésticos de la familia tradicional, que retornen a los
valores conservadores y a su lugar de madres y esposas
sometidas por la dominación patriarcal. Les piden a las
mujeres que paguen el costo de una crisis económica, que
nadie más quiere pagar.
Las masacres, genocidios y guerras imperialistas perpetrados
por Estados Unidos y sus secuaces en todo el mundo,
también tienen como blanco principal a las mujeres y las
niñas. Violando y mutilando los cuerpos de las mujeres, el
sionismo y el imperialismo pretenden disciplinar pueblos
y comunidades enteras, que se atrevan a cuestionar la
supremacía de la civilización occidental, blanca y patriarcal.
Las mujeres llevan la peor parte de esta guerra.

EEUU y sus cómplices pretenden engañar a la humanidad,
presentándose como salvadores de la libertad de las
mujeres. Los fascistas, varones blancos y multimillonarios
envueltos en los más tenebrosos escándalos de violaciones y
pedofilia, tienen el descaro de erigirse como salvadores de
las mujeres en Irán, Palestina y América Latina. Los mismos
que enarbolan discursos de odio contra la diversidad sexual,
que legislan en sus países contra las personas trans y que
se oponen a las decisiones libres de las mujeres sobre sus
cuerpos, justifican sus invasiones a otros países en nombre
de la libertad de las mujeres.
Todo esto ocurre mientras los feminismos blancos y liberales
influenciados y financiados por EEUU y sus socios en Europa
e Israel ‘miran para otro lado’, callan y cohonestan con las
invasiones y el genocidio. Ocurre mientras las feministas
blancas callan ante el asesinato de más de cien niñas en una
escuela en Irán y ante las violaciones y la pedofilia de sus
propios gobernantes.
Las voces y apuestas transformadoras, anticapitalistas y
antipatriarcales vienen de las mujeres pobres, trabajadoras
y racializadas de América Latina, Oriente Próximo y África.
Desde los pueblos amenazados por la guerra, las mujeres
revolucionarias, de los sectores populares, indígenas, negras
y obreras, cuestionan el significado y la naturaleza de esos
feminismos blancos aliados del imperialismo. Saben y son
conscientes de que solo su fuerza organizada junto a todos
los sectores excluidos, será el torrente de liberación, por
el que los pueblos avancemos hacia la justicia y la equidad
verdaderas.
En el ELN somos hijos, compañeros y aprendices de esas luchas
históricas de las mujeres por su libertad. Como organización
revolucionaria y comprometida con la despatriarcalización
de la sociedad, saludamos a todas las revolucionarias de
Colombia y del mundo, reconocemos y asumimos nuestra
responsabilidad con la construcción de una sociedad libre
de todas las formas de explotación, en la que la vida de todas
las mujeres tenga el valor y la dignidad que les corresponde.
