Damaris Izaguirre
Un sistema excluyente y sucesivos Gobiernos con
políticas nefastas para la mayoría, que solo favorecen
al régimen y a la geopolítica del Tío Sam, llevó al Estallido
Social de 2021, levantamiento pre-insurreccional que marcó
un nuevo norte en la lucha de clases y el movimiento
popular.
Décadas de una marcada desigualdad, que día tras
día empobrece a millones, para que unos pocos sean
beneficiados con privilegios y grandes riquezas,
aunado a una política estatal que beneficia al régimen
y sus aliados, mientras castiga al ciudadano de a pie con grandes
impuestos, fueron colmando los ánimos y gestaron una olla de
presión, que en 2021, con la imposición de una nefasta reforma
tributaria, que gravaba gran parte de la canasta familiar, sacó
a millones en diferentes ciudades, a protestar en las calles y
exigir cambios estructurales.
Acorde a la Doctrina de Seguridad imperante que persigue al
Enemigo Interno, la protestas fueron atacadas brutalmente,
por un régimen que los declaró objetivo militar. Pese a los
ataq ues contra los manifestantes, producto de un plan conjunto
entre las Fuerzas Armadas estatales y los paramilitares, el
pueblo en respuesta buscó la unidad de acción, dando origen
a un conato insurreccional, que durante más de tres meses
centró la lucha de la mayoría, contra la injusticia social y la
violencia de Estado.
Esta gesta histórica del Estallido Social, iniciada un 28 de abril
(28A), dejó planteado un Mandato Popular y un norte claro,
que busca la deposición de la Doctrina de Seguridad Nacional
y lograr cambios socioeconómicos estructurales, que mejoren
la calidad de vida de Los Nadie y de la Colombia profunda.
La sangrienta represión al Estallido Social de 2021, dejó más
de 80 Crímenes de Estado cometidos principalmente por el
ESMAD, la Policía, las Fuerzas Militares y los paramilitares,
también dejó decenas de jóvenes con lesiones oculares graves
y permanentes, además de centenares de presos políticos.
El 28A se convirtió en el pilar angular que hizo posible que
en Colombia se instaurara un Gobierno progresista, que se
autodenomina Gobierno del Cambio, denominación que nos
es consecuente, dado que ha sido una administración se ha
dedicado a ‘vender humo’; por lo tanto sigue y seguirá en
deuda con los anhelos de cambio y transformación social, que
el Estallido Social trazó como hoja de ruta, para cualquier
Gobierno que asumiera sus banderas como lema de campaña y
se comprometiera con esta Agenda de Nuevo País.
El actual Gobierno dice llamarse progresista, porque se postuló
y llegó al poder con banderas de cambios y transformaciones
socio-políticas, que incluían deponer la Doctrina de Seguridad
Nacional y romper los lazos con el arcaico régimen, responsable
de la pobreza y la desigualdad, que campea por todo el país. Pero
los hechos muestran que estamos ante un Gobierno prepotente
e incoherente, que dice querer lograr cambios significativos
y gobernar en favor de Los Nadie, pero a la vez continúa
sosteniendo viejos politiqueros y, generando políticas que
permiten el remozamiento del régimen y mantienen intactos
los intereses del Tío Sam.
Las promesas de acabar con la corrupción y el clientelismo no
pasaron de ser ‘castillos de humo’ que se disipan en aire; la
osadía del Gobierno progresista por continuar las alianzas con
el viejo régimen en vez de deponer sus nexos radicalmente, bajo
el sofisma de que solo así se consigue la gobernabilidad, que en
las praxis no sirve para nada o acaso, ¿cuántas reformas le han
aprobado al Gobierno producto de esta lógica clientelista?, ¿es
de beneficio para los intereses populares, que Petro o cualquier
Gobierno progresista continúe aliado con el régimen?
El Estallido Social de 2021 surgió del seno de Los Nadie, de
los oprimidos y los excluidos, que se cansaron de la opresión
y de las falacias de los ‘vendedores de humo’, que se hacen
llamar políticos, y pese a la existencia de un Gobierno que posa
de progresista, sus postulados y mandato popular siguen sin
ser cumplidos y por tanto son vigentes hasta lograr cambios
estructurales.
Los hechos hablan por sí solos, son irrefutables y dejan en
evidencia que este Gobierno y quizás ningún Gobierno va a ser
capaz de realizar las transformaciones de fondo que Colombia
exige, porque ello implica romper con el viejo régimen y
desconocer las órdenes del Tío Sam; porque cualquier cambio
real por incipiente que sea, no vendrá de manos ni de este
ni de ningún Gobierno, que este direccionado por el Tío Sam;
hoy más que nunca es inaplazable una potente movilización
popular, que logre la negada emancipación; la lucha popular
por los cambios y transformaciones más que ser vigente, es un
derecho y un deber de Los Nadie.
