
Comando Central (COCE)
‘No somos gringos ni queremos ser’, grita el pueblo en las calles; también corea: ‘Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina’. Ambas retumban para hacer presente el espíritu anti imperialista de nuestros pueblos.
En vida del Libertador Simón Bolívar, los padres fundadores del gobierno de los Estados Unidos, prefirieron hacer jugosos negocios con el imperio español, en vez de ayudar a los patriotas latinoamericanos, en su lucha por la independencia. Sobre este y otros episodios similares, es que el Libertador sentenció que «los EEUU van a llenar a América de desgracias, en nombre de la libertad».
A mediados del siglo XIX, el mismo gobierno de EEUU, recién muerto el general Santander, lograron que los nombraran tutores del istmo de Panamá, con la finalidad de hacerse al control de la construcción de un canal, que uniera los océanos Pacífico y Atlántico. José María Vargas Vila en múltiples escritos, denunció y rechazó esta imposición imperialista.
Finalizando el siglo XIX, las tropas yanquis cebadas en el exterminio de los pueblos originarios de Norteamérica, vinieron a Colombia a asesorar el adiestramiento de oficiales del Ejército estatal.
En el cierre de las guerras civiles que desangraron al país, la Guerra de los Mil Días fue el escenario aprovechado por el imperio norteamericano, para al tiempo, que alentaba la separación del departamento de Panamá y su desmembramiento de Colombia, amenazó con invadir el país, para obligar a firmar un tratado de pacificación que necesitaban, para agilizar la construcción del Canal interoceánico.
Desde inicios del siglo XX, la dominación del imperialismo norteamericano en Colombia la hicieron multiforme y permanente, para ir modelando la nación acorde a sus intereses, estableciendo economías de enclave y explotación acelerada de los bienes nacionales; contando con la complicidad de la oligarquía pro imperialista.
La Masacre de las Bananeras marcó un hito de violencia extrema, en el que el imperio norteamericano masacró a los huelguistas de la United Fruit Company -llamada hoy Chiquita Brands-, en la plaza de Ciénaga, Magdalena, el 6 de diciembre de 1928, usando al Ejército del país, para proteger los intereses de la empresa gringa. Un año más tarde, un joven Congresista llamado Jorge Eliécer Gaitán, denunció la masacre diciendo que:
«La oligarquía apunta las ametralladoras contra los trabajadores colombianos, mientras dobla la rodilla ante el oro yanqui».
Los estudiantes también rechazaron la Masacre y por ello fueron reprimidos un 8 de junio de 1929, donde las tropas títeres asesinaron a Gonzalo Bravo Páez.
La defensa de la dignidad nacional y el rechazo al sometimiento ante el imperialismo norteamericano, desde siempre ha estado en manos de los trabajadores, estudiantes y de todos los sectores populares; lo que contrasta con la conducta subordinada ante el imperio, que mantienen las élites dominantes en Colombia.
La posición digna de defensa del pueblo y de la soberanía nacional, la cobraron la oligarquía liberal conservadora y el gobierno gringo, cuando la tenebrosa CIA, perpetró el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948; agresión que dio origen a la actual fase de conflicto interno en Colombia, porque el pueblo actuando en legítima defensa, creó las guerrillas.
En la década de los 50 del siglo pasado, la aviación gringa bombardeó las áreas de influencia guerrillera y llevó soldados colombianos a la guerra de Corea (1950-1953), junto a tropas de otros países subordinados al plan de guerra perpetua del imperio occidental. Gavilla que ahora reeditan conformando el Escudo de los escuderos de Trump, con que amenazan venir a Colombia, a combatir a quienes rechazamos ser una neocolonia sometida a la plutocracia gringa.
Desde 1962, asesores gringos ordenaron la creación en Colombia de bandas paramilitares, para hacer ataques terroristas a la gente de izquierda; orden que los gobiernos lacayos convirtieron en leyes de la República y en Manuales de instrucción y de operaciones de las Fuerzas Militares del país.
La siguiente orden del imperio fue igual de nefasta; desde 1972, con el decreto de ‘Guerra contra las drogas’ obligaron a las Fuerzas Militares del país, a actuar contra las bandas de narcotraficantes, quienes las compraron y colocaron a su servicio, dando origen a la Estructura Mafiosa que existe actualmente al interior de las Fuerzas Armadas.
Hecha la alianza y simbiosis entre los poderes mafiosos de nuevos ricos y la oligarquía tradicional, sus brazos armados emprendieron un Genocidio Político contra la izquierda colombiana, en que el exterminio del partido Unión Patriótica, perpetrado en las décadas de los 80 y 90, constituye el caso más conocido y rechazado a nivel mundial.
Las luchas de resistencia del pueblo colombiano y sus organizaciones hicieron insuficiente la receta represiva imperialista, por lo que en los años 90 agrandaron los escuadrones narcoparamilitares, les dieron cobertura legal bajo el manto de cooperativas Convivir y lanzaron un nuevo plan genocida, con que asolaron todos los sectores y las regiones de influencia de la izquierda. Genocidio ejecutado por una nueva sigla terrorista: las AUC.
Al tiempo, el Departamento de guerra de los EEUU, el llamado Pentágono, aplicó una reingeniería a las Fuerzas Armadas (FFAA) del país, por medio del malvado Plan Colombia (1999-2009), en que de manera abierta agrandó a las FFAA y sus operaciones en todo el territorio; mientras de manera encubierta las reforzaba con el genocidio de población, sobretodo integrantes del liderazgo social y de la oposición de izquierda, encomendado a las AUC.
Para medir los méritos de las tropas, el Plan Colombia impuso el ‘Body Count’ o ‘Conteo de Cadávares’, como termómetro de la efectividad militar, de donde nace el horroroso listado de miles de crímenes de inocentes, llamado ‘Escándalo de los Falsos Positivos’, en el que las FFAA engañaban jóvenes, los asesinaban y vestían sus cadáveres con uniformes guerrilleros, para hacerlos pasar como “dados de baja en combate”. Práctica genocida usada más intensamente, durante el gobierno de Uribe Vélez (2002-2010).
De las últimas artes maléficas que aplica el imperialismo contra la izquierda, es la del ‘Entrampamiento’, consistente en hacer montajes para presentar a fuerzas populares y a sus líderes como “narcotraficantes”; por medio de operaciones de involucramiento y degradación, junto a inventarles cargos y judicializaciones espurias. Operaciones en que son expertas agencias de seguridad gringas como la CIA, el FBI y la DEA. De esta forma, el poder mafioso gringo enriquece el lema tradicional de la Ley de Hierro de los capos: ‘Plata o Plomo’, ´Te vendes o te mato’, para dejarla como: ‘te vendes, te mato o te degrado’.
Lo que faltaba en la receta imperialista de dominación, lo estamos observando hoy, cuando están colocando a agentes del gobierno de EEUU, como presidentes de estos países, con lo que dejan de ser Repúblicas independientes y pasan a ser neocolonias.
Entre más decline el imperio occidental, mayor inventiva tendrán que desarrollar para crear artificios, con que busquen prolongar su dominación; por fortuna a lo largo de la historia, los pueblos hemos demostrado mayor ingenio y fuerza para sobreponernos a ellos.
