
El impostor que simula ser presidente del país, cree que borrando retratos del Libertador Simón Bolívar y de García Márquez, entre otros, va a borrar la memoria de las luchas del pueblo colombiano por sus derechos, entre ellos, el de la segunda y definitiva independencia.
De la sede en Bogotá del Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión), el Gobierno de De la Espriella, ordenó quitar los retratos y nombres que hacen memoria de líderes insignes forjadores de la identidad nacional, como Simón Bolívar, Gabriel García Márquez, Jaime Garzón, Alfredo Molano y Germán Castro Caycedo.
A este Gobierno de una minoría privilegiada, que está al servicio del imperio gringo le molesta que estas luminarias le recuerden al país que debemos ser independientes de cualquier potencia, y dedicar la vida al servicio de la nación y el pueblo colombiano.
Rememorando las luchas de clases del último siglo, hay que recordar que los de arriba siempre han defendido con extrema violencia el acrecentamiento de sus riquezas, mientras que los de abajo no hemos dejado de luchar para garantizar los derechos fundamentales de la mayoría.
Hace 100 años las luchas obreras, campesinas e indígenas presionaron por obtener derechos fundamentales.
Hace 90 años, surge un gobierno producto de la movilización social de los años anteriores, que hizo reformas para mermar la desigualdad social.
Hace 80 años las luchas populares buscaron colocar a un gobierno que sirviera a las mayorías, pero la oligarquía y los gringos asesinaron a Gaitán, el futuro presidente; desataron una violencia cruel contra la población, y con dictaduras echaron atrás las reformas sociales. La ideología invocada para perpetrar esta violencia genocida, fue el fascismo, con el pretexto de impedir que el comunismo echara raíces en Colombia.
Laureano Gómez uno de esos dictadores, ‘peló el cobre’ de su racismo fascista, al decir en 1949, que: «La sociedad semeja una pirámide cuyo vértice ocupa el genio… Por debajo encuéntranse quienes, con menos capacidades, son más numerosos… Hasta llegar a la base, la más amplia y nutrida, que soporta toda la pirámide y está integrada por el oscuro e inepto vulgo, donde la racionalidad apenas aparece para diferenciar los seres humanos de los brutos».
La agresión de la oligarquía y el imperialismo contra el pueblo, obligó a la legítima defensa, con lo que nacieron las primeras guerrillas, para resistir y rebelarse contra la guerra impuesta desde las clases dominantes.
Hace 64 años, otra vez el pueblo en su búsqueda de cambios a su favor, votó por un candidato distinto al de los partidos tradicionales, el liberal y el conservador, y los de arriba en vez asesinar al candidato presidencial triunfador, optaron por hacer un fraude.
Hace 50 años, con la crisis del imperio, el capitalismo se vuelve totalmente parasitario, enfatiza la acumulación por medio de los bancos, subvalorando la economía productiva; con lo que economías del inframundo, como la de las drogas, se fueron tornando hegemónicas, hasta hacer predominar la economía mafiosa.
Milton Fridman quien ingenió esta fase neoliberal del capitalismo y por ello le otorgaron el premio Nobel de economía de 1976, sentenció que: «Si se observa la guerra contra las drogas desde un punto de vista puramente económico, el papel del gobierno es proteger al cartel de las drogas».
Hace 40 años, en el apogeo de la economía mafiosa, el régimen mafioso que la resguarda, lo usaron como arma de guerra principal contra los opositores del sistema, por esto el cartel de la cocaína de Medellín fue el protagonista, como ejecutor principal del genocidio de partidos de izquierda, como la Unión Patriótica.
Hace 30 años, la resistencia popular seguía fortalecida, tanto en la lucha social y política, como en la lucha guerrillera revolucionaria, lo que lleva al Ministerio de guerra de Estados Unidos a desarrollar el denominado ‘Plan Colombia’, con el que reforzaron a las Fuerzas Armadas estatales, al tiempo que desataron un nuevo genocidio sangriento, con los narcoparamilitares de las llamadas AUC, en contra del liderazgo social.
Hace 25 años, el periodista Germán Castro Caycedo, en su libro ‘Con las manos en alto’, relató que: «Tom Marks, uno de los analistas militares que más ha estudiado el fenómeno colombiano y quién más ha escrito sobre él, señaló en la revista Soldiers of Fortune: ‘En el Salvador teníamos el objetivo de ganar la guerra, de ayudar a El Salvador. En Colombia no tenemos dicho objetivo. Allí estamos en esta lucha por nuestros propios problemas nacionales. Nuestro paquete de ayuda nos sirve a nosotros y no a ellos, y los colombianos lo saben’. Los estadounidenses ven el mundo no como realmente es, sino como ellos quieren que sea».
Hace 10 años, por la confluencia de diversos ataques, las clases dominantes logran la desmovilización y desaparición de la guerrilla más numerosa, tras 52 años de lucha revolucionaria.
Hace 5 años, el pueblo colombiano agobiado por tanta penuria se lanzó a las calles, en un Estallido Social que luchó por transformaciones profundas de la sociedad y el Estado, constituyendo un salto histórico en la lucha por el poder para el pueblo; lucha política cuyos objetivos siguen vigentes.
Hace 4 años, ganó las elecciones un gobierno progresista, en quien el pueblo confió el programa de cambios mandatado por el Estallido Social, y ni siquiera lo que se propuso cambiar al país, se lo permitieron los que detentan el poder en Colombia.
Hoy inicia un gobierno descaradamente títere de Trump, que amenaza con la misma receta que han aplicado en el país las clases dominantes y el imperialismo: racismo, fascismo, genocidio, persecución, represión, fraude, dominio cultural y arrebatar derechos a la mayoría, para acrecentar privilegios a la minoría.
Así Trump meta sus manos ensangrentadas y salpicadas de cocaína en América Latina, los pueblos estaremos a la altura de las luchas emancipatorias libradas por nuestros héroes y próceres en siglos anteriores, porque no es el primer imperio que va a ser desalojado de estas tierras americanas.
