
Comando Central
“Las finanzas públicas ya no aguantan más, el saldo está en rojo”, fue el mensaje con el que el presidente ilegítimo Abelardo de la Espriella anunció el pasado domingo su intención de buscar un mayor endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional.
La receta es vieja en la doctrina de la economía neoliberal -se trata de presentar un Estado quebrado a los ojos de los buitres del capitalismo, para justificar el intervencionismo y la pérdida de soberanía-.
No obstante, los anuncios contrastan con la política financiera del actual gobierno. Mientras en la extrema derecha pretenden que el gasto público y los problemas sociales se vean como enemigos del crecimiento económico y del bienestar del país, el Ministerio de Hacienda le ha presentado al Congreso de la República un presupuesto para el 2027 que aumenta los gastos de funcionamiento y contratación de personal en más de un 8 por ciento. La Patria Milagro aumenta estos gastos en más de 4,54 billones de pesos mientras reduce la inversión y el gasto público, que son los factores que, incluso en la doctrina liberal de la economía, favorecen el desarrollo económico de las naciones.
Así las cosas, este gobierno recicla la vieja doctrina neoliberal: decir que estamos peor que siempre, para legitimar el intervencionismo extranjero, a través de los créditos del FMI. Esto, mientras la deuda pública del país podría aumentar en más del 17 por ciento y el gobierno nacional no presenta ninguna alternativa para saldarla o refinanciarla. La única alternativa de De La Espriella es aumentar el endeudamiento externo hasta que este amenace con llegar al 70 por ciento del PIB, según estudios de la misma banca privada.
Mientras tanto, el pueblo colombiano sigue viendo al gobierno central en el derroche y el espectáculo. Mientras cientos de miles de familias afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y por la sequía que incendia el país, reconstruyen con sus manos desde las cenizas, el gobierno nacional funciona como una pasarela de millonarios y oligarcas que exhiben su buena vida, sin compasión por quienes sufren la realidad del país.
Los que hace un par de semanas cerraban ministerios y reducían el presupuesto de políticas sociales y programas del Estado argumentando austeridad, hoy desperdician recursos públicos en propaganda y shows auspiciados por los medios de comunicación corporativos, sin resolver de ninguna manera los problemas de las comunidades afectadas.
El pueblo colombiano tiene derecho a saber que este gobierno no está reduciendo de ninguna manera el gasto en contratación y funcionamiento. Al contrario, lo está incrementando para enriquecer a las familias y clanes que le ayudaron a elegirse.
Lo que queda es fortalecer sin temores y titubeos la organización popular y la movilización social. En las calles, el pueblo colombiano debe expresar su rechazo al Presupuesto General de la Nación del actual gobierno, así como a su interés servil de volver a negociar nuestra soberanía con el Fondo Monetario Internacional. Sin la movilización popular decidida, serán las mayorías empobrecidas quienes continúen pagando el derroche y la fiesta de la oligarquía.
