Antonio García, Primer Comandante del ELN
Hace un poco más de ocho meses, cuando el atentado contra el
precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, a punta de manejo
mediático y transmitiendo en directo se pretendió paralizar el país. A la
muerte del ex senador le siguió una cantidad de actos protocolares y
la consabida campaña mediática que intentó volverlo mártir y símbolo
de la derecha.
Pero en su curiosa simbología salió a relucir el
«ideario», donde se encontraba la promoción de la
violencia política, la desigualdad, la exclusión, así
como también los tintes fascistas de sus propuestas:
condena a los sindicatos de maestros, la burla contra las
víctimas de feminicidio, apoyo irrestricto al urbismo y al
sionismo, entre otras perlas.
Lo anterior contrasta con la conmemoración del 60
aniversario de la caída en combate del comandante Camilo
Torres Restrepo; así, el 15 de febrero varias organizaciones
sociales y la Universidad Nacional de Colombia organizaron
una ceremonia con la que se pretendía recibir y alojar los
restos del comandante. Todo estuvo dispuesto, menos la
voluntad del Instituto de Medicina Legal, que alegando
razones políticas se negó a dar una confirmación que
permitiera hacer el acto de entrega, cuando ya estaba
verificada su autenticidad. Es decir, un nuevo intento de
esconder el cuerpo de Camilo.
Intento que afortunadamente fracasó y en las horas de la tarde
la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas
(UBDD) entregó los restos del gran líder popular. Fue recibido
por quienes estuvieron comprometidos con su búsqueda y
buen resguardo. Increíble, sí, que un instituto científico
forense utilice argucias políticas para intentar mantener
un cuerpo secuestrado. ¿Quién les da esas órdenes?

El hecho resulta muy contradictorio: el mismo Estado que no
le importó paralizar el país para homenajear a Miguel Uribe
e, infructuosamente, intentar convertirlo en un mártir de la
derecha, sí puso freno a que el pueblo rindiera el homenaje
más que deseado a un símbolo de Colombia y otros pueblos.
Camilo sigue presente y haciendo revolución. Cada vez
que el amor se hace eficaz entre los pueblos, Camilo vive.
Camilo es sinónimo de humildad, de sabiduría, de liberación
y gran valentía. Esos son los símbolos que a los pueblos nos
importan.
Algunos medios corporativos como El Tiempo siguen
preguntándose: ¿por qué el ELN publicó la noticia mucho
antes que las instituciones del Estado? Justamente porque
desde el Estado ha existido el interés por hacer uso indebido
tanto de su cuerpo, como de su memoria y su lucha. También
se dice que existe una cacería de brujas en dichas entidades
por la supuesta filtración de la información. Aún no se dan
cuenta que Camilo sigue siendo pueblo y nación, que su
presencia física impacta y toca los corazones, y así, su voz
se expande de boca en boca, como en los viejos tiempos del
Frente Unido, haciéndose escuchar nuevamente por todos.
