Himelda Ascanio
Los últimos días del gobierno Petro son la ratificación de una
deuda y un sometimiento históricos. Continuidad legada
desde siempre en la historia republicana de Colombia, que
este gobierno no tuvo como realidad en sus intereses y
objetivos.
Del dicho al hecho hubo un abismo de trecho; la
Potencia Mundial de la Vida, que fue el eslogan de
campaña y propaganda de gobierno, se convirtió
en Potencia Regional de la Muerte, utilizando las
viejas prácticas y tácticas contrainsurgentes, en favor del
imperialismo de Estados Unidos. Prueba de ello es la guerra
que el presidente Petro está impulsando y agenciando en el
Catatumbo.
Catatumbo bajo fuego
La desidia con que los gobiernos anteriores han tratado al
Catatumbo es indignante; por ejemplo, durante el periodo de
Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), el paramilitarismo de la
mano de las Fuerzas Armadas estatales (FFAA) intentaron
tomarse el territorio y hacer efectiva la tierra arrasada,
además de inundarlo de coca. Después, Juan Manuel Santos
(2010-2018) lo comparó con el llamado “Bronx” de Bogotá.
Por su parte, Iván Duque (2018-2022) militarizó el territorio
y con ello aumentaron las ejecuciones extrajudiciales
cometidas por el Ejército estatal.
Cuando se pensó que con la llegada de un gobierno no
perteneciente a la oligarquía, esta región tendría un alivio
y posibilidad de una construcción distinta, pero resultó que
no. Aunque Petro prometió y se comprometió más de una
vez, con el desarrollo del Pacto Social por la Transformación
del Catatumbo, al final de su gobierno solo quedan los
incumplimientos y el azote de la guerra generada por el
propio gobierno.
La soberbia que el presidente ha tenido contra el pueblo
catatumbero, solo puede explicarse por la aplicación juiciosa
de las órdenes de Washington. Solo tiene comparación con
esos gobiernos anteriores, especialmente el de Uribe Vélez,
pues tiene como centro y eje la entrega del territorio a
narcoparamilitares.

En la versión progre de la aplicación de la guerra proxy, Petro
utiliza la paz como vehículo para movilizar la implantación
de nuevos paramilitares, como lo son las bandas exfarc. En
ello el gobierno no ha tenido contemplación, ha desconocido
las alertas emitidas por la Defensoría del Pueblo, antes
y finalizando el 2025, en las cuales le advertían las
actividades, movimientos y prácticas del llamado Frente 33,
quien, aprovechando la protección, apoyo y permisividad
del gobierno, intentó tomarse la región del Catatumbo.
Incluso cuando están probadas las acciones de este grupo
contra la población, la respuesta del gobierno es ampliarles
la Zona de Ubicación Temporal (ZUT), brindarles más apoyo
y protección militar.
En otra de las maniobras de manipulación y falseado de
la realidad, la narrativa lanzada desde la Casa de Nariño
fue culpar al ELN, e iniciar una campaña de desprestigio,
tratando de negar el carácter rebelde e insurgente de
esta organización. Lo que no cuentan los funcionarios del
gobierno es que el propio ELN también alertó y expuso la
situación que se estaba incubando en el territorio.
La respuesta del gobierno después del accionar militar del
ELN fue evidenciarse y no dejar dudas de sus objetivos, al
sostener y tratar de revivir un grupo reducido y derrotado
militarmente. Con ello Petro está sometiendo al pueblo
catatumbero a una nueva etapa de violencia.
Los pobladores del Catatumbo, como de las demás regiones
excluidas de Colombia, son gentes caracterizadas por su
capacidad de resistencia y lucha. Ya quedó claro que este
gobierno no fue el cambio esperado; la movilización y
organización continúan resistiendo, porque la casa del
trueno no será la plataforma del imperio.
Asesinados de la semana
Pablo Flórez Narváez, era un reconocido líder social y
comunitario, destacado por su trabajo en el impulso del
deporte entre los jóvenes del municipio de Arboletes, en
el departamento de Antioquia. El 26 de diciembre de 2025,
familiares de la víctima lo encontraron con múltiples
heridas de arma blanca en su vivienda, ubicada en el barrio
San Agustín del municipio de Arboletes, Antioquia.
