Damaris Izaguirre
Está en juego el viraje político que exigió
el Estallido Social de 2021; el Tío Sam
fabrica sus “caudillos” -porque
este es un país caudillista-, prometiendo estos, una
solución aparente de todos los problemas, sin producir
cambios estructurales en el sistema, ¿no será hora de
cambios reales?
Desde el comienzo de este año, inició la campaña
electoral, donde el Tío Sam a través de la derecha,
encabezada por el ‘innombrable’ -AUV-, trata de
recuperar el poder Ejecutivo, porque el Legislativo
y el Judicial jamás ha salido de manos del régimen.
Ante la innegable ventaja que lleva la opción progresista,
el régimen y el Tío Sam empiezan a tejer estrategias para
retomar la Presidencia y alinear al país con los planes
del imperio y sostener el statu quo. En esta estrategia
maquiavélica no todo es lo que parece y, todo se convierte
en gran tablero de ajedrez, donde los peones son sacrificiales
-un ejemplo claro y tangible es Miguel Uribe Turbay-, con tal
de obtener el objetivo central que es derrocar al rey, en este
contexto, no es fortuito ni casual que María Fernanda Cabal
y su esposo, a través de una carta expongan a su partido
y planteen renunciar a él, ¿esto es una renuncia? o, ¿más
bien es una división estratégica para que la ultraderecha
quede con dos candidatos?, uno declarado, Paloma Valencia
y otro solapado, Abelardo de la Espriella, con uno llaman a
la extrema derecha y con el otro traen al “supuesto centro”,
con blancas ganan y con negras también.
El principal detractor o inconveniente que ha tenido el
progresismo durante su legislatura, es que aunque se
presenta como una alternativa al régimen, le da continuidad
a la política neoliberal impuesta por el imperio y, además
nunca hizo una ruptura radical con el régimen, sino
que por el contrario, le ha dado cabida a sus alfiles en la
administración pública y sostiene alianzas con los partidos
tradicionales -fichas del oligopolio y el régimen-, y justifican
estas alianzas con la falacia de construir gobernabilidad,
supuesto que no ha funcionado y que jamás funcionará,
porque el régimen siempre defenderá los intereses de la
élite y el sostenimiento del statu quo, lo cual dista de los
intereses legítimos de la clase popular.
Ante lo que sobreviene aparecen preguntas obligadas, si el
progresismo que aspira a continuar en el Gobierno, ¿romperá
nexos con el régimen y el Tío Sam?, ¿depondrá el modelo
económico y la Doctrina de Seguridad Nacional? ¿estará de
lado de los intereses de la mayoría?
Las conjunciones que trae este año electoral, nos obligan
a clarificar las dificultades del proyecto progresista, ¿es
la vía expedita para lograr un cambio estructural? y, a
su vez replantear los métodos y formas más eficaces para
transformar el país y hacer sus que este le dé prioridad a las
necesidades e intereses de Los Nadie y la Colombia profunda.
El Estallido Social de 2021 mostró el inconformismo de
la ciudadanía, con la democracia burguesa y el modelo
económico, además se convirtió en una hoja de ruta; las
transformaciones estructurales que exigió el Estallido
Social no se pueden dejar a la deriva, son mandatos populares
que deben cumplirse con o sin apoyo de este o de cualquier
gobierno, sin importar su tinte político; el cambio no puede
quedarse en dar solo una sensación pasajera de bienestar,
los cambios deben ser estructurales, tangibles y en favor de
Los Nadie.
Es más que obvio que, ni este ni ningún Gobierno que no
esté dispuesto a hacer caso omiso de las órdenes del Tío Sam
y romper radicalmente con el régimen, podrá realizar las
transformaciones estructurales y de fondo que Colombia
exige, ¿existe un Gobierno o político capaz de desobedecer
al Tío Sam y al régimen local?, los hechos demuestran
que no, por lo tanto, mientras esta regla social no se dé, la
unidad popular y la lucha son la clave para conseguir el
cambio que el sistema nos ha negado por décadas, porque
solo de manos de la lucha popular vendrán los cambios y las
transformaciones de fondo, que durante décadas le han sido
negadas a Los Nadie, siempre estará presente la máxima que
dice, ‘solo pueblo valva y el pueblo’ y hace aún más vigente
el llamamiento de Garzón:
“si ustedes los jóvenes no asumen
la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo,
nadie”.
