Antonio García, Primer Comandante del ELN
Esta semana, como cada inicio de año, mientras millones de
personas enfrentan la precariedad cotidiana, una élite global
se reúne en espacios blindados; Davos es el más emblemático
para diagnosticar los riesgos del mundo, que ellas mismas
han producido.
El Global Risks Report 2026, elaborado por el Foro
Económico Mundial (WEF), no es un documento
neutral ni meramente técnico, es una radiografía del
sistema-mundo capitalista en su fase de agotamiento,
escrita desde la mirada de quienes se benefician. Incluso
desde esa posición privilegiada, el Informe no puede ocultar
una verdad contundente, el orden global está entrando
en una etapa de fragmentación profunda, marcada por la
inacción, la desigualdad estructural y el colapso ambiental.
Dicho Informe se publica en el marco de la 21ª edición del
reporte y sirve como base conceptual de las discusiones
del Foro Económico Mundial (WEF). Bajo el subtítulo “La
Era de la Competición”, se nos presenta un mundo donde
la cooperación internacional ha sido sustituida por la
confrontación geoeconómica, la desconfianza y la lógica de
suma cero. Más del 50 por ciento de los expertos encuestados
anticipa un escenario “turbulento o tormentoso” en el corto
plazo, y ese pesimismo se profundiza hacia 2036. No se trata
de una crisis coyuntural, sino de una crisis civilizatoria
del modelo occidental. Según ellos, la principal amenaza
inmediata identificada no es el hambre, ni la pobreza, ni
el colapso climático, sino la Confrontación Geoeconómica, el
uso de sanciones, aranceles, controles financieros y cadenas
de suministro, como armas de dominación.
Esta jerarquización del riesgo revela la prioridad real de
las élites globales, no evitar el sufrimiento humano, sino
proteger sus intereses estratégicos frente a un mundo
cada vez más multipolar. La guerra ya no es solo militar; es
económica, tecnológica y financiera.
En este contexto, la economía global se dirige hacia lo que el
propio informe denomina un “ajuste de cuentas”. Aumento
de la deuda, inflación persistente, burbujas de activos y
mercados volátiles conforman un escenario donde los costos
del desorden recaerán, una vez más, sobre los pueblos del
Sur.

La llamada “inflación boomerang”, impulsada por barreras
comerciales y conflictos geopolíticos, será pagada con
desempleo, recortes sociales y mayor precarización laboral
en las periferias del sistema.
A pesar de que 2024 fue el año más cálido registrado en la
historia, los líderes empresariales y políticos han desplazado
a un segundo plano el cambio climático, la pérdida de
biodiversidad y el colapso de los ecosistemas. Esta miopía
sin duda alguna es una decisión política. El capital sabe que
la crisis ambiental es irreversible en los marcos actuales,
pero su preocupación central es ganar tiempo, administrar
el desastre y preservar la rentabilidad del sistema.
Aquí emerge con fuerza la pregunta central: ¿qué lugar
ocupa el Sur Global en este escenario?
El Informe describe un mundo donde las reglas comunes
se debilitan y las instituciones globales pierden eficacia.
Para los países de América Latina, África y gran parte de
Asia, significa mayor vulnerabilidad, pues en una guerra
económica no pueden imponer sanciones ni controlar
mercados, quedando atrapados como territorios de disputa,
extracción y sacrificio.
La desigualdad (económica, tecnológica, ambiental y
política) identificada por el propio Informe, como el riesgo
más interconectado de la próxima década, es el hilo que cose
todas estas crisis.
Mientras los más ricos se reúnen para debatir cómo
“gestionar” los riesgos, los pueblos del Sur enfrentan el
deterioro de sus derechos, la erosión de la democracia y el
avance de proyectos autoritarios, que prometen orden en
medio del caos que el neoliberalismo produjo.
No estamos, entonces, ante una crisis de falta de diagnósticos,
sino ante una crisis de voluntad ética y política. Las élites
globales saben perfectamente el daño que están causando.
El Informe lo confirma, conocen los riesgos, anticipan los
escenarios y, aun así, priorizan la competencia, la seguridad
de sus capitales y la preservación de un sistema ya caduco.
El Global Risks Report 2026 pretende advertir a los
poderosos de los peligros que acechan su propio mundo;
para los pueblos del Sur, en cambio, debe leerse como una
confirmación, el futuro no vendrá de Davos, vendrá de la
capacidad de los pueblos, para imaginar y construir otro
horizonte, donde la vida esté en el centro y no subordinada
a un sistema que ya no puede sostenerla, en este contexto el
futuro es indudablemente insurgente.
