Amalia Santana
Las mentiras van cayendo por su propio peso. Lo que estamos
viendo es una estrategia basada en noticias mentirosas y
falsos positivos, con los que intentan instalar en la opinión
pública y en la sociedad colombiana el estigma del narcotráfico
contra el ELN.
El 19 de enero, en una supuesta operación contra el
narcotráfico en el Cesar, el Ejército estatal anunció
el desmantelamiento de un laboratorio de cocaína,
según ellos perteneciente al ELN, en el municipio de
Río de Oro, incautando 824 kilos de cocaína.
El 26 de enero, las fuerzas militares y medios de comunicación
anunciaban que, en una “ofensiva relámpago” denominada
“Operación Catatumbo”, el ejército había destruido tres
laboratorios de cocaína, según ellos del ELN, en Tibú, región
del Catatumbo. En este operativo habrían incautado 385
galones de ACPM, 180 galones de cocaína y 110 galones de
ácido sulfúrico para el procesamiento de narcóticos.
El 30 de enero, estos mismos medios corporativos de
comunicación anunciaban la destrucción de un laboratorio
de cocaína, según ellos del ELN, en San Cayetano – Norte
de Santander -. Supuestamente el laboratorio pertenecía
al Frente Urbano Carlos Germán Velasco Villamizar y se
habrían incautado más de 300 kilogramos de cocaína.
El 4 de febrero, medios y fuerzas armadas estatales
anunciaban la destrucción de un complejo de laboratorios
de cocaína en El Zulia – también Norte de Santander -,
qué, según ellos, también pertenecería al ELN. Ahí habrían
encontrado 622 kilogramos de cocaína y según ellos, esta
vez pertenecían al Frente Juan Fernando Porras Martínez.
Varias extrañezas en común tienen estos supuestos
operativos, todos ocurridos en menos de un mes. Todos en
la región del nororiente colombiano, cerca de la frontera
con Venezuela, lo que para un observador desprevenido
no debería generar ninguna suspicacia, pues es una de las
regiones con más cultivos de coca del país.

Todos los operativos los hicieron en el marco de la visita del
presidente Petro a Trump, de máximo interés para el futuro
de la frontera entre Colombia y Venezuela, que Estados
Unidos pretende controlar en su estrategia intervencionista
hacia América Latina. En ninguna hubo bajas ni capturas.
En ninguna fueron hallados elementos alusivos al ELN o
información alguna que nos relacionara con esos laboratorios.
Según lo informado, 1.800 kilogramos de cocaína avaluados
en miles de millones de pesos estaban abandonados en
laboratorios a merced de la selva. Nadie los custodiaba, nadie
los cuidaba, nadie combatió para defenderlos.
¿Dónde está ahora esa cocaína? ¿Alguien se cree el cuento
de que 1.800 kilogramos fueron quemados por el ejército en
la selva? ¿Los oficiales de la Brigada 30 del ejército estatal,
cómo están involucrados en este montaje?: como en las
encuestas, ‘no saben, no responden’.
Ante la incapacidad del régimen para lograr una derrota
militar, el gobierno progresista y las Fuerzas Militares,
han optado por el objetivo de lograr una derrota política,
ideológica, ética y moral contra el ELN. Inspirados en las
operaciones que la CIA y la DEA han desarrollado en América
Latina para derrocar gobiernos y perseguir a los pueblos
que luchan. No lo van a conseguir.
Con estas falsas operaciones, el presidente Petro busca
demostrar obediencia y sumisión al mandato que le ha dado
Trump, bajo el chantaje de sacarlo de la lista OFAC. La otra
tarea que Petro debe cumplirle a los Estados Unidos, la
veremos expresarse de cara a las próximas elecciones, en
las alianzas y sabotajes contra la izquierda democrática.
Quienes han acusado al ELN de ser funcional a los intereses
de la derecha pueden ver hoy, cómo es el gobierno el que
usa las mismas estrategias de la derecha para estigmatizar
y desprestigiar a la insurgencia. Mientras tanto, Petro se
acomoda, como siempre ha querido la derecha, a los mandatos
y designios de los Estados Unidos. De todo esto el país ya
tiene las pruebas y evidencias.
