Damaris Izaguirre
Los imperios y el régimen utilizan la
democracia burguesa, para generar la falaz
sensación de bienestar en la población, mientras
continúan sosteniendo leyes y políticas que solo favorecen
al régimen y al oligopolio, desde luego el Gobierno del cambio no
es la excepción.
El autodenominado Gobierno progresista
instrumentalizo el anhelo de la clase popular y el
mandato popular emanado del Estallido Social y, se
hizo elegir con falaces banderas de cambio, ‘castillos
de humo’ que capitalizaron el descontento social y los
anhelos populares; banderas que hoy se caen a pedazos, ya
que aunque Petro y sus alfiles vitorean un supuesto cambio,
la política económica y la Doctrina de Seguridad Nacional
siguen siendo la misma que ha dictado el régimen y el Tío
Sam en las últimas décadas.
Este Gobierno, aunque dice obedecer el mandato popular, sus
acciones no son coherentes con sus discursos, estamos ante
un Gobierno ambivalente que ‘quiere quedar bien con Dios
y con el diablo’. La principal incoherencia es querer lograr
cambios estructurales y gobernar para Los Nadie, sin romper
con el régimen y dándole continuidad a la subordinación al
Tío Sam, ¿se puede servir a dos amos?
La pobreza y la desigualdad han campeado en el país durante
décadas, casi desde que existimos como República, sin que
ningún Gobierno sin importar su tinte político o ideológico,
haga algo para ponerles fin o por lo menos mitigarlas. Estas
condiciones de miseria en la que viven diariamente millones
de colombianos, dieron origen a un conflicto social, político
y armado.
El conflicto interno no ha sido resuelto solo por la
incapacidad del gobierno de negociar con la insurgencia una
solución política, cuando en realidad, obedece a que todos
los gobiernos sin excepción son serviles al régimen, y no se
pueden comprometer en hacer ningún tipo de cambio social
o económico, que sea contrario a los intereses del régimen y
que tan siquiera haga tambalear el statu quo.
El 2026 será un año crucial, ya que enfrentamos a la
tendencia del resurgimiento del fascismo y la derecha
en latinoamericana, entonces, cabe la pregunta de si ¿la
ultraderecha volverá a Gobernar en Colombia?

El año que inicia avizora un contexto más crítico y
caldeado que el de años anteriores, debido a la acentuada
crisis económica y la decisión política del Gobierno de
continuar incrementando los gastos y endeudando el país,
con préstamos a intereses altos, a la par que no asume una
política de austeridad, que disminuya los gastos de la nación
y la carga burocrática. Lo que hace necesario replantear el
proyecto político de corte popular que necesita este país,
para favorecer a Los Nadie y así diezmar la pobreza y la
desigualdad.
Los hechos hablan por sí solos, son irrefutables y dejan en
evidencia que este gobierno no fue capaz de realizar las
transformaciones de fondo que Colombia exige, porque ello
implica romper con el régimen y desconocer las órdenes del
Tío Sam, cualquier cambio real por incipiente que sea, no
vendrá de manos ni de este ni de ningún gobierno que este
direccionado por el Tío Sam.

Las transformaciones estructurales que exigió el Estallido
Social no se pueden dejar a la deriva, son mandatos populares
que deben cumplirse con o sin apoyo de este o de cualquier
gobierno sin importar su tinte político; el cambio no puede
quedarse en dar solo una sensación de bienestar, los cambios
deben ser estructurales, tangibles y en favor de Los Nadie.
La unidad popular y la lucha determinada de los excluidos
debe cualificarse y proseguir, porque solo de manos de la
lucha popular vendrán los cambios y las trasformaciones de
fondo, que durante décadas le han sido negadas a Los Nadie,
siempre estará presente la máxima que dice, ‘solo pueblo
valva y el pueblo’ y hace aún más vigente el llamamiento de
Garzón: “si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su
propio país, nadie va a venir a salvarlo, nadie”.
