Claudia Julieta Parra
En los últimos años en nuestra política económica gastamos más de lo
que producimos, el gobierno continúa aumentando el Gasto Corriente
y acudiendo a empréstitos para solventar su política de gasto estatal
deficitario, que exacerba la pobreza y la desigualdad.
El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF),
publicó su más reciente informe sobre las finanzas
del Gobierno Nacional Central, donde advierte que
el déficit primario acumulado de 2025 se ubicó,
preliminarmente en 3,4 por ciento del PIB, por encima de la
meta fijada en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) [*].
El incremento déficit contrasta con el recaudo, ya que el año
anterior este indicador no cumplió la meta fijada por la DIAN,
el recaudo bruto fue de 9,5 billones de pesos por debajo de
la proyección oficial, a su vez, el desfase en el recaudo neto
frente a la meta establecida por las autoridades tributarias
ascendió a 9,9 billones de pesos, siendo el impuesto sobre
la renta el de menor recaudo, con un recaudo neto de 11,2
billones de pesos.
En lo referente al gasto fiscal del Gobierno Nacional durante
el año anterior, la Nación destinó un peso de cada 5 del PIB,
el gasto fiscal primario acumulado alcanzó los 368 billones
de pesos, equivalentes a 20 por ciento del PIB, a su vez, el
gasto fiscal total llegó a 422 billones, el equivalente al 22,9
del PIB.
Según la CARF el 2025 fue el año donde el Estado colombiano
gastó más recursos en términos nominales, al superar los
400 billones por segundo año consecutivo en el acumulado
total: en 2024, el gasto fue de 414 billones de pesos, no
obstante, al analizar el gasto fiscal como proporción del PIB,
2025 se ubicaría como el tercer año con mayor gasto fiscal
total acumulado, dado que ese 22,9 por ciento iguala el nivel
observado en 2023 y se sitúa por debajo de los registros de
2021 (23,1 por ciento del PIB) y 2024 (23,2 por ciento del
PIB).
Al finalizar diciembre de 2025, el cumplimiento de las
obligaciones alcanzó 87,8 por ciento, lo que representa un
incremento de 4,7 puntos porcentuales en comparación con
el desempeño registrado en 2024; por otro lado, a pesar de
mostrar una aceleración frente al año anterior, el rubro de
inversión se mantuvo como el sector con el nivel de ejecución
más bajo en relación con los recursos apropiados.
La política financiera del Gobierno se ha concentrado en
incrementar el Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago
de intereses de Deuda Externa), a la par que sufraga sus
obligaciones adquiridas con empréstitos onerosos y con un
largo tiempo de perduración, desde luego esto es una política
deficitaria en términos del erario y del MFMP.
Es una nefasta política económica instaurada en nuestro país
desde hace décadas y sostenida por gobiernos sucesivos, que
ante la reducción de la percepción de ingresos y disminución
del Producto Interno Bruto (PIB), no ha contraído su política
de gasto y endeudamiento, por el contrario, ha venido
incrementando ostensiblemente el Gasto Corriente lo que
amplía constantemente el déficit fiscal.
El desbalance entre ingresos y egresos a nivel global ha
venido creciendo y comprometiendo las economías de
todo tipo, en especial las que son dependientes del capital
extranjero. El principal problema de nuestra economía, radica
en la política fiscal y económica, toda vez que los tributos
recaudados cubren medianamente la balanza de gastos, pero
lo recaudado no se invierte, sino que, en un margen superior
al 77 por ciento se destina al Gasto Corriente y además se
consume más de lo que se produce.
Es inaplazable hacer una reestructuración del Gasto
Corriente y la generación de una política de austeridad
estatal, que conlleva el recorte del gasto suntuario y el
menoscabo de gastos onerosos como la nómina estatal,
megapensiones, megasalarios, inversión militar, destinación
para los intereses de la Deuda externa, entre otros.
Salir de la actual crisis y reactivar nuestra economía implica
reformas estructurales al fisco y al sistema productivo,
toda vez que este sistema no genera ni inclusión social
ni mucho menos crecimiento ni productividad; por ende,
la dinamización de la economía requiere de un cambio
estructural en la política económica, un modelo económico
que tenga como base el aumento del poder adquisitivo
per cápita, el desarrollo integral, el fortalecimiento del
sistema productivo nacional, la disminución de la brecha de
desigualdad y pobreza (multidimensional y monetaria).
