Comando Central (COCE
Ahora que por fin los restos de Camilo, tendrán digna sepultura
en la Universidad Nacional, hay que resaltar las bases de su legado
ideológico y político, que hacen de él, uno de los astros inmortales que
alumbran el camino de la humanidad.
Cayó en combate en las filas del Ejército de Liberación
Nacional (ELN), un 15 de febrero de 1966, cuando
acababa de cumplir 37 años. Ya era sacerdote a los
25 años y sociólogo a los 29, el mismo año en que San
Juan XXIII fue nombrado Papa y recordado por el vuelco que
imprimió a la iglesia católica, de quien Camilo aprendió que
‘la iglesia es de todos, pero preferencialmente de los pobres’
y que ‘hay que hacer énfasis en lo que une, no en lo que
diferencia’, preceptos que abrieron las puertas al diálogo
entre el humanismo de los cristianos y el humanismo de
los marxistas; que socavan los cimientos de la Guerra Fría,
sostenida por el capitalismo y su imperio occidental, con el
fin de aniquilar al socialismo.
Cuando Camilo llegó a estudiar sociología a la universidad
de Lovaina (Bélgica) en 1955, hacía un año había estallado la
rebelión armada contra el colonialismo francés en Argelia,
que logró triunfar en 1962, la que recibió amplio apoyo
de la juventud de esa época, solidaridad de la que Camilo
participó. Igualmente se compenetró con la corriente de
sacerdotes europeos, que optaron por llevar una vida igual
a la del pueblo más empobrecido y excluido, en contraste
con los lujos y privilegios que disfrutaba la iglesia. En estas
escuelas aprendió la importancia de los derechos de los
pueblos y de las luchas por la liberación nacional, y de como
él decía, ‘ascender a ser pueblo y aprender de él’.
Un año después de retornar a Colombia, en 1959, fundó la
Facultad de Sociología en la Universidad Nacional, mismo
año en que inventaron las Juntas de Acción Comunal,
como herramienta para organizar base social contraria a la
revolución, ente del que le ofrecieron la dirección, oferta
que Camilo rechazó. Esta pieza de la anti subversión, la
acompañaron con la creación de la Escuela de Lanceros
especializada en adiestrar soldados de contraguerrilla, a la
que sumaron proyectos de reforma agraria, que hacían parte
de la ‘Alianza para el progreso’ orquestada por los Estados
Unidos

Un año después de retornar a Colombia, en 1959, fundó la
Facultad de Sociología en la Universidad Nacional, mismo
año en que inventaron las Juntas de Acción Comunal,
como herramienta para organizar base social contraria a la
revolución, ente del que le ofrecieron la dirección, oferta
que Camilo rechazó. Esta pieza de la anti subversión, la
acompañaron con la creación de la Escuela de Lanceros
especializada en adiestrar soldados de contraguerrilla, a la
que sumaron proyectos de reforma agraria, que hacían parte
de la ‘Alianza para el progreso’ orquestada por los Estados
Unidos
La trayectoria de Camilo en la Universidad Nacional, la hizo
desde la docencia y también ejerciendo como Capellán desde
1962, además de integrar a los estudiantes con las realidades
del pueblo en la misma Bogotá y en regiones apartadas del
país; conocimiento de la realidad nacional que asimiló, con el
espíritu de renovación que marcó para la iglesia el Concilio
Vaticano II, conducido por el Papa San Juan XXIII.
Tal espíritu de concordia contrastaba con el ambiente de
guerra impuesto por el imperio norteamericano, que en
sus agresiones de ese momento se ensañaba contra Cuba,
Vietnam y la República Dominicana; que también incluía el
bombardeo de zonas campesinas en Colombia, en mayo de 1964,
en donde prevalecían núcleos de resistencia a la violencia
oligárquica; agresión denunciada por Camilo, a la vez que
lideró una amplia solidaridad nacional e internacional con
las comunidades asediadas.
En uno de sus escritos de 1964, llamado ‘Cómo ejercen
el gobierno los grupos de presión’, Camilo proyecta la
organización de los de abajo, de la mayoría, para que sean
gobierno y así “Colombia sea una verdadera democracia”;
desde mucho antes, ya tenía totalmente clara su pertenencia
de clase, de lado de los empobrecidos y excluidos. En 1965,
en su ‘Mensaje a los cristianos’ afirma que “Es necesario
quitarles el poder a las minorías privilegiadas, para dárselo
a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo
esencial de una revolución, la revolución puede ser pacífica
si las minorías no hacen resistencia violenta”; en este mismo
Mensaje, es donde plantea que el Amor Eficaz es hacer la
revolución y que para los cristianos es una obligación hacer
la revolución.
Para 1965, Camilo ya se había convertido en un reconocido
líder popular, combatido por la oligarquía gobernante y
criticado por la iglesia, en cabeza del Cardenal Concha. Con
la creación del Frente Unido (FU) y la promulgación de su
Plataforma política -que enumeraba los cambios urgentes
que requería el país, por los que el FU luchaba y se tomaría
el poder para realizarlos-, se agudizaron las contradicciones
con la iglesia, hasta que en junio solicitó dejar de ser
sacerdote, para poder continuar con su actividad política.

A medida que crecía la popularidad de Camilo, crecía la
persecución en su contra, en un momento de efervescencia
revolucionaria en el país, en un grado tal, que el Embajador
de EEUU en Bogotá, en agosto de 1965 escribió a Washington,
pidiendo una invasión militar gringa a Colombia, como la
que recién habían hecho contra la República Dominicana.
En medio del acoso en su contra, en octubre, Camilo decide
incorporarse a las guerrillas del ELN, en las montañas de
Santander.
El Cuarto Congreso Nacional del ELN, que sesionó en 2006,
en su análisis sobre la historia elena, así reflexionó sobre el
aporte de Camilo:
«Era inconcebible para él, estando asediado por la
conspiración oligárquica, no incorporarse a la guerrilla, en
una prueba irrefutable de su gran convicción y compromiso
revolucionario (…) También era inconcebible para Camilo,
no ir al combate para recuperar su arma de guerra, como
cualquier otro guerrillero, hecho en el que perdió su vida.
Es tan valioso el dirigente popular que se incorpora a la
guerrilla, para resguardarse y darle continuidad desde
allí a su liderazgo de masas; como el que arriesga su vida
a diario, con el propósito de seguir encabezando en directo
las luchas del pueblo. En ambos casos, lo estratégico está en
saber garantizar el nexo de la insurgencia con las luchas
políticas amplias.
En Camilo, como líder de masas y como guerrillero integral se
cristaliza su gran estatura humanista, cristiana, intelectual
y revolucionaria, que trasciende al ELN y lo convierte en
un referente para todos los revolucionarios y pueblos de
América Latina».
