Antonio García, Primer Comandante del ELN
Desde hace tiempo Estados Unidos no respeta ni acata a nadie,
pues al ser interrogado por sus actuaciones por la mayoría
de las naciones del mundo, ha resuelto seguir su camino de
un nuevo equilibrio mundial, donde impone su criterio por la
fuerza (…)
Por su naturaleza los imperios están centrados y
evolucionan hasta donde su poderío militar les da
para proteger sus intereses económicos, por eso la
Revolución Francesa ya gobernada por el espíritu
capitalista napoleónico, fue renunciando a sus ideales de
igualdad, fraternidad y libertad y luego toda Europa terminaría
juntándose con la Francia reaccionaria, para enterrar las
esperanzas de la Comuna de París en 1871. Lección que no
terminamos de aprender: Cuando los explotados triunfan en
su lucha, los capitalistas y explotadores dejan de lado sus
diferencias, para unirse en contra de las victorias de los
pobres y sus pueblos.
Controladas las revoluciones en la Europa de finales 1800
y comienzos de 1900 los países capitalistas europeos en su
voracidad expansionista colonial, unos por obtener lo que no
tenían y otros por defender lo que no era de ellos, terminaron
enfrentados entre sí en la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Luego que desbarataron con la barbarie de su guerra toda
Europa, finalizando la Segunda Guerra Mundial, pudo darle
forma a un Derecho internacional y por ende a la ONU, que
nació cojeando y hoy está en pleno colapso.
De hecho esos instrumentos del supuesto orden internacional,
estuvieron gobernados por los centros de poder militar y
económico mundiales y se administraban mediáticamente al
mundo, por conveniencias políticas de momento y de acuerdo
a la correlación de fuerzas. Siempre ha sido así y lo seguirá
siendo hasta que el espíritu de un nuevo mundo cobije a toda
la humanidad.
Podríamos decir que esa legalidad internacional solo funcionó
para el mundo capitalista poderoso, los pueblos y naciones
del «inframundo» quedaron abandonados a las lógicas del
viejo mundo colonial y neocolonial. Debieron vivirse duros
y complejos procesos de lucha para obtener la libertad, unos
por la vía de las revoluciones socialistas y otros por luchas
anticoloniales.

Brutales y sanguinarios los regímenes europeos que hoy
posan de humanitarios, se ensañaron contra los países de
África, Oriente Medio y Asia, el mundo africano conoció
las garras de la «humanitaria Francia» en Argelia, y otros
pueblos también padecieron la barbarie de Holanda, Bélgica,
entre otras. Y qué no decir de Inglaterra, en otras latitudes.
Ese pensamiento y acción colonialista no ha sido superado ni
modificado por dichos países, hoy lo vemos ratificado en la
lucha del Sahel Africano, pues si no es con la lucha radical
de los pueblos no se logra, pues la legislación internacional
no opera en ese «inframundo».
Igual aconteció en el mundo neocolonial de América Latina,
cuando en la primera mitad del siglo XX los pueblos se
organizaron para ganar sus luchas por las distintas vías,
el imperio norteamericano impuso por la violencia sus
dictaduras militares. Ahí no se vio solicitar respeto a la
democracia o libertad para los cientos de miles de presos
políticos y desaparecidos.
El mundo conocería a Batista en Cuba (1952-1959), los
Somozas en Nicaragua (1937-1979), los Duvalier -su Papi y
su Baby- en Haití (1964-1986), a Rafael Leónidas Trujillo en
República Dominicana (1930-1961), Marcos Pérez Jiménez
en Venezuela (1952-1958), También vendrían Carlos
Castillo Armas en Guatemala (1954), Alfredo Stroessner en
Paraguay (1954-1989), Humberto de Alencar Castelo Branco
en Brasil (1964), Hugo Banzer en Bolivia (1971), Juan
María Bordaberry en Uruguay (1973), Pinochet en Chile
(1973), Rafael Videla en Argentina (1976), todos impuestos
por Estados Unidos, sabían que eran unos bárbaros con sus
pueblos pero para ellos eran «sus hijueputas», por tanto los
defendieron, y con las manos de los últimos prepararon la
nueva dictadura del Neoliberalismo.
Con el colapso de la URSS (1989) se presentó una oportunidad
para reconfigurar las relaciones no sobre los bloques de
poderes, y abrirse a la participación de todas las naciones en
la ONU, pero no, Estados Unidos se erigió como el gendarme
del mundo y se puso en la tarea de reordenarlo al acomodo
de sus intereses, impulsando guerras contrainsurgentes
contra los pueblos que discrepan de él, que se convirtió en
guerra global luego del 11 de septiembre de 2001. Nacería
entonces el Mundo Unipolar.
Temporada en el cual se siente con intensidad en el continente
los desastres del neoliberalismo en los campos económicos,
sociales y políticos, obligando la lucha social que terminaría
abriéndole camino a los procesos y gobiernos progresistas de
los finales de 1990 y principios del siglo 21, etapa política que
el imperio quiere cerrar con imposiciones, intervenciones
militares y políticas y agresivas guerras mediáticas, pues
siente que ha empezado su temprano declive, aun sin haber
sobrepasado su tercera década de existencia, ya que ha

surgido un nueva colectividad de naciones agrupadas en
la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y los
Brics+, verdaderas alternativas para un nuevo orden que
habrá de ser multipolar y que viene trabajando por una
sociedad global, sustentada en el objetivo de construcción
de un futuro compartido y un orden basado en el respeto, la
solidaridad, la cooperación económica y la resolución de los
conflictos con base en el diálogo, donde en la comunidad de
naciones tenga validez, la voz de todos los países en igualdad
de condiciones.
Muchos pensaban que un nuevo orden internacional nacería
de la evolución del actual, sobre la base de la discusión en
los foros internacionales y con la presencia de todos los
países en la Asamblea General de la ONU, pero no, eso no
ha sido así, pues desde su nacimiento la democracia con la
participación de los pueblos quedó excluida, por el Consejo
de Seguridad de la ONU, donde el veto de uno solo de sus
integrantes invalida la mayoría.
Desde hace tiempo Estados Unidos no respeta ni acata a
nadie, pues al ser interrogado por sus actuaciones por la
mayoría de las naciones del mundo, ha resuelto seguir su
camino de un nuevo equilibrio mundial, donde impone su
criterio por la fuerza.
Al sentirse amenazado Estados Unidos por este bloque
multipolar en formación, se avecina un tiempo de tormentas,
pues opta por crear su propio bloque en el hemisferio
occidental ampliado al Oriente Medio, para no sentirse
desplazado en la construcción de un nuevo orden mundial y
persiste en atornillarse en el control del mundo por medio
de la guerra.
Esa es la lógica que inaugura Trump con la agresión
militar a Venezuela, obligar por la fuerza de las armas a
las naciones del continente, a alinderarse con sus intereses
en un supuesto bloque occidental, bajo la hegemonía
norteamericana donde territorios, riquezas y gobiernos
quedarán bajo sus imposiciones y tutelaje, así el futuro del
mundo, según Trump será configurado en un gran pulso
militar, con sus componentes tecnológicos que sostienen las
nuevas potencialidades del mundo actual.
¿Cuál será el futuro venidero de un imperio en cabeza de
Trump? ¿Podrá continuar con un parlamento que ya lo
cuestiona? ¿Tendrá un heredero en Marco Rubio? ¿Será
una época de caída como el Imperio Romano, que dejó para la
humanidad un milenio de Edad Media en el oscurantismo? o
¿Los pueblos del mundo se alinearán unidos en la lucha para
ahorrarnos ese tiempo de oscurantismo y llegue más pronto
un nuevo renacimiento?
