Anaís Serrano
La terrible operación ejecutada el pasado 3 de enero, contra
la República Bolivariana de Venezuela, mientras la gente
dormía, terminó de sepultar el derecho internacional y desató
un mundo, que Trump pretende acomodar a su moral, como
único límite.
Léase la moral de un millonario pedófilo y genocida.
Nunca se trató de buscar la paz, nunca se trató de
libertad o democracia, sólo de la codicia de una clase
política mundial, a la que los pueblos no le duelen
porque no le importan [*].
Esa operación que han tratado de presentar como quirúrgica,
en realidad causó la muerte de más de cien personas, entre
ellas hasta donde se sabe, de una colombiana, treinta y
dos cubanos y el resto venezolanos y venezolanas tanto
militares como civiles; también atacó instalaciones militares,
científicas, de servicios básicos y zonas residenciales, que
quedaron destrozadas por las bombas.
El ensañamiento contra los cubanos, dejó en evidencia su
valentía, pero también muestra el papel de Marco Rubio en
este crimen de guerra, en el que plasmó su odio al pueblo
cubano.
El Libertador Simón Bolívar Vs Monroe
Tal como lo señalamos el mes pasado, Venezuela se convirtió
en el territorio donde se definirá la vieja disputa entre la
Doctrina Monroe y la Doctrina Bolivariana, como sustento
de toda posibilidad de paz para nuestro continente.
El desespero geopolítico imperialista y la urgencia de tapar el
escándalo que generaron los Archivos de Epstein, fueron sin
duda las razones que apresuraron la acción estadounidense.
Sin embargo, esta batalla que ganaron por su superioridad
militar y tecnológica, los ha embriagado una vez más.
Una soberbia tal vez nunca antes vista, se ha apoderado de la
Casa Blanca. Trump continúa amenazando a Venezuela, dado
que no ha logrado trastocar la institucionalidad creada por
la Revolución Bolivariana, pero también amenaza a Cuba, a
Colombia, a México, y se extiende, por ahora, a Dinamarca e
Irán. Los gobiernos de estos países han respondido de distintas
maneras, que van desde la dignidad que se sostiene, a pesar
de ‘tener una pistola en la cabeza’, hasta el silencio cómplice.

Luego del 3 de enero de este año, no luce tan difícil que los
Estados Unidos realmente se atreva a bombardear territorio
colombiano con o sin autorización del gobierno, pero tampoco
cabe duda, que puede atreverse a atacar la tierra de Fidel.
México está más que advertido de una nueva operación
terrestre estadounidense.
Reacomodo externo e interno
Dinamarca sólo puede elegir entre vender Groenlandia
o defenderla a muerte, Irán está luchando internamente
contra ejércitos mercenarios, que aprovecharon protestas
populares pacíficas, y sabe que un ataque exterior es posible.
Europa inicia a asustarse y algunos gobiernos comienzan a
mirar hacia Rusia, mientras desde la Francia de Macrón,
acusan a Trump de neocolonialismo.
Un reacomodo geopolítico mundial se está forzando, pero
las contradicciones internas en los EEUU también van
creciendo, y al parecer también internamente Trump
aspira controlar por la fuerza, ya nada le importa, lo mismo
da golpear estadounidenses que venezolanos, quien no se
somete merece su violencia. Los mercados por su parte,
reaccionan con cautela, pero esto puede desatar una crisis
financiera también sin precedentes.
Si bien, como dijimos, los estertores del imperio que declina,
desatan la violencia como su último recurso, a la par del ego
del presidente estadounidense, el ataque a Venezuela ha
desatado también las disputas internas en los EEUU, razones
que bien supo la familia Kennedy, pueden pagarse caro en
un país, que poco sabe de democracia, pero mucho de armas
y conspiraciones criminales.
El que resiste, vence
Puede sonar exagerado, pero todo el análisis geopolítico
que hacemos nos lleva a una sola conclusión, mientras los
gobiernos que no se alinean con el imperialismo deben actuar
con tacto ante esta violencia, los demás lo hacen de acuerdo a
los intereses de su clase dominante o al tamaño de su miedo;
los pueblos de Nuestra América y el mundo, deben seguir el
ejemplo del pueblo venezolano: resistir, movilizarse, tomar
las calles y las carreteras en nombre de la vida.
Mientras la ONU se llena de telarañas y el derecho
internacional se queda en las bibliotecas, solo la fuerza
histórica de los pueblos puede detener la locura desatada
por la codicia capitalista, que Donald Trump y sus socios
están llevando al extremo. Amanecerá y veremos, algunos
lo verán por internet o lo escucharán por la radio, el deber
de los pueblos organizados será verlo desde la primera línea.
