Amalia Santana
Algunos sectores de la extrema derecha y partidarios del
régimen político, han decidido confundir a conveniencia, la
invitación del ELN a un Proceso Constituyente Popular, con la
convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.
Sorprende que entre los ignorantes se cuenten
incluso congresistas de la república, titulares de un
restringido poder constituyente derivado o instituido
por el constituyente originario. Es preciso entonces,
aclarar en qué consiste nuestra invitación.
El poder constituyente es mucho más que la convocatoria
a modificar o crear una una nueva constitución política, es
más que la creación de una norma o ley superior que rija los
destinos de una nación.
Cuando hablamos de la convocatoria al poder constituyente,
estamos invitando a ir más lejos de lo que logra una campaña
electoral, infiltrada por la politiquería tradicional, en la que
ciudadanos y ciudadanas elijan a un centenar de asambleístas
que refunden la nación.
Cuando invitamos al país a un Acuerdo Nacional, estamos
proponiendo el despertar y la movilización activa de todos
y todas las colombianas, a que juntos y juntas reconozcamos
que, en medio de un mundo en crisis y de las amenazas que
se ciernen sobre la soberanía de nuestros pueblos, un nuevo
orden social es necesario.
El poder constituyente es un poder ilimitado y autónomo
que tenemos las naciones para organizarnos de nuevo, para
crear un nuevo orden social, que no solo tiene que ver con
definir quién manda y quién obedece, qué son derechos y
deberes y a quién se castiga.
Es una invitación a crearlo todo, a definir el presente y
futuro de nuestro país a partir del análisis crítico y riguroso
de nuestra realidad social, económica, ambiental, cultural y
política en este momento histórico apremiante.

Convocamos además a un poder popular constituyente,
conscientes de que históricamente las decisiones sobre el
orden social en Colombia, han sido tomadas por las élites. Sí,
incluso en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, en
la que se alcanzaron derechos sociales significativos y con la
que se abrió la puerta al neoliberalismo y a la privatización
de esos mismos derechos.
Hoy, el poder constituyente debe tener como protagonistas
en primera fila a los trabajadores y trabajadoras, a las mujeres
de los sectores populares, a la juventud, a los pueblos étnicos
y al campesinado.
Hoy, el poder constituyente debe tener como protagonistas
en primera fila a los trabajadores y trabajadoras, a las mujeres
de los sectores populares, a la juventud, a los pueblos étnicos
y al campesinado.
En tanto el poder constituyente no deriva de ninguna
legalidad previa ni superior, a ninguna parte del pueblo
se le puede prohibir su derecho a ejercerlo, bajo ningún
argumento ni mandato.
De este poder popular constituyente hablamos, del que se
construye en los espacios autónomos de la ciudadanía, en sus
asambleas, cabildos, juntas vecinales, colectivos, sindicatos,
asociaciones.
Poder que requiere más que de un voto, de discusiones,
reflexiones y acuerdos entre seres humanos diversos;
dispuestos a tomar en sus manos el destino de una humanidad,
que agoniza y sangra, no para delegar su poder en políticos y
caudillos, sino para fortalecer la participación protagónica
y decisiva de la sociedad, en las decisiones que le afectan.
Hablamos de un proceso de largo aliento, de grandes esfuerzos
y de atravesar juntos y juntas espinosos caminos.
Seguramente, en algún momento, este proceso constituyente
desembocará en el evento de una Asamblea Nacional
Constituyente, que refrende un nuevo orden, una nueva
justicia, una nueva economía, unos nuevos valores y una
nueva cultura. Nos prepararemos para ese momento como
uno de los puntos de llegada del ejercicio de la participación
y la soberanía de las mayorías, no como un punto de partida.
Invitamos a todos y todas a continuar animando la discusión
y las propuestas de este Proceso Constituyente Popular.
¡Cuenten con el ELN en este propósito!
