Comandante Nicolás Rodríguez Bautista
El comandante Nicolas Rodríguez (Gabino), narra el combate en
que murió Camilo, el 15 de febrero de 1966, que constituye un relato
histórico único, por ser él, el único de los fundadores del ELN que
aún vive, de quienes acompañaron a Camilo, en su corta vida como
guerrillero.
Nosotros nos emboscamos desde el 6 en la mañana,
porque desde entonces esperábamos que retornara
a la Base Militar de El centenario, la patrulla que
recorría las selvas de un pedazo de la cordillera
Oriental, llamada el Cerro de los Andes, donde un año y
medio antes nos habíamos alzado en armas y entrenábamos
allí, al tiempo que fortalecimos una base de apoyo muy
importante, en estrecha relación con los compañeros
petroleros de Barranca, estudiantes de Bucaramanga y el
apoyo de pobladores de sus barriadas.
Esos 8 días anteriores a la emboscada fueron muy duros,
porque por seguridad los comestibles fueron mínimos, el
agua escasa y dormíamos en el suelo, sobre las hojarascas
tostadas por el verano de ese comienzo de año, sin más cobijo
que la vestimenta normal.
Todos los días esperábamos el paso de la patrulla, pero nada…
El aviso del paso de la patrulla lo advertía el viejo Pablo
Calderón, un aguerrido miliciano que se escondía en el
rastrojo todos los días al amanecer, a 35 minutos antes de
la emboscada, a 100 metros de la casa de la finca La Loma,
propiedad de nuestro gran amigo y compañero Luis Fernando
Parada.
Así que Pablo también sufría esa espera, para él más dura,
porque estaba solo cumpliendo su labor.
La espera
Por fin el 14 de febrero a eso de las 5 de la tarde, la patrulla
acampó en la casa de la finca y Pablo los observó hasta cuando
organizaron sus dormitorios y logró percibir importantes
detalles, que a las 8 de la noche le informó a la comandancia.
Toda la guerrilla del Frente José Antonio Galán estaba allí
emboscada. Cerca de 30 compañeros. Para nombrar solo los
más destacados estaban:

Camilo Torres -Argemiro-
Fabio Vásquez -Carlos-
Manuel Vásquez -Germán-
Víctor Medina Morón -Andres-
Hermidas Ruíz, médico, filósofo y miembro del Frente Unido
-David-
Julio Cesar Cortes, médico, militante del Frente Unido
-Rogelio-
Manuel Bernardo Osorio, locutor -Joaquín-
Mas 20 compañeros de extracción campesina, incluidos casi
todos los marchantes del 4 de julio.
En aquella noche de luna llena del 8 de febrero, la comandancia
allí junto a nosotros, nos informaron la presencia de la
patrulla en la finca La loma.
Todos saltamos de alegría y fortalecimos la moral de combate,
no obstante, el agotamiento físico, y la impaciencia que
hace poner espesa la saliva y ver correr el tiempo a menos
velocidad, que en tiempos de normalidad.
Aquella noche los que durmieron fueron muy pocos, nadie
quería perder ese venidero momento, que percibíamos de
rotundo éxito, rubricado con recuperación de armamento,
bajas enemigas, nosotros intactos, sin bajas y retirarnos
de la emboscada con el triunfo entre las manos, porque
combatiríamos con la ventaja de la sorpresa y aun cuando
nuestro armamento era de una asimetría total, le atribuíamos
a la sorpresa la contundencia definitiva.
Ninguno de los guerrilleros listos para el combate teníamos
experiencia militar en el combate, pues la única experiencia
era la de Simacota, donde solo tres de los emboscados allí
habían combatido con los refuerzos que llegaron a Simacota.
Quienes han criticado que llevamos a Camilo al combate sin
experiencia, hay que decirles que experiencia combativa
no tenía nadie allí, aun cuando si es verdad que casi todos
excepto Camilo y Julio Cesar Cortes, teníamos año y medio
de ser guerrilleros.
Un día de sol brillante
El 15 en lugar de emboscarnos a las 6 como los días anteriores,
nos emboscamos a las 5 am y desde las 4, el viejo Pablo
Calderón tomó de prisa el camino que lo llevaría a su lugar,
donde observaría la tropa enemiga, cuando se alistara para
tomar el único camino de regreso a la Base Militar, cayendo
una hora antes en nuestra emboscada.
Nuestra emboscada estaba en una de las márgenes del Río
Sucio y el camino por donde caminaba la patrulla, paralelo
al río.

Varios años antes en el lugar de la emboscada, el Instituto
Agustín Codazi montó allí sus catalejos y teodolitos, para
hacer mediciones topográficas y para ello hicieron una
pequeña plancha de cemento, para colocar a nivel dichos
equipos. Por ello, ese lugar fue bautizado por los pobladores,
como Patio Cemento, en plena selva para el momento de la
emboscada.
Mientras el sol mañanero de aquel fatídico 15 de febrero se
anunciaba brillante y sin que las nubes opacaran sus rayos,
nosotros ya estábamos tendidos sobre la tierra seca.
La hojarasca tostada por el verano, que cubría el suelo
de nuestros puestos de combate, estaba cuidadosamente
amontonada a sus alrededores, para que nuestros movimientos
pudieran hacerse en silencio, en la maniobra del combate.
Cuando las agujas de los relojes anunciaban que pronto
serían las 9 de la mañana, un campesino pasó de prisa, por
donde minutos después lo haría la patrulla.
El plan
La fuerza nuestra de menos de una treintena de combatientes
inexpertos, se había dispuesto para que cada tres o cuatro
guerrilleros, a 10 o 15 metros del camino, le dispararan a un
soldado.
Se calculaba que al área de la emboscada entrarían 5 o 6
soldados, y ese sería el armamento que recuperaríamos.
Algunos compañeros más optimistas calculaban que
podríamos recuperar una FA, un fusil ametrallador, que
montado con sus patas, listo para disparar pesaba 10 kilos.
Los mandos guerrilleros estaban distribuidos así sobre el
terreno:
El comandante Fabio en la cabeza de la emboscada, para abrir
fuego con una metralleta Madsen calibre 9 Milímetros y una
pistola P38.
A su lado estaba Camilo Torres.
En nuestros cálculos optimistas valorábamos que segundos
después de abrir fuego, este sería el lugar más seguro pues
el comandante Fabio era hombre de certera puntería y junto
a él dos compañeros con escopetas calibre 16, le disparaban
al primer soldado.
A unos 20 metros adentrándose en la emboscada, estaba el
comandante Manuel Vásquez y Víctor Medina Morón, segundo
mando del ELN, cerraba la emboscada, la que finalizaba con
5 compañeros del grupo de contención.
A escasos minutos antes de las 9, el viejo Pablo Calderón pasó
casi volando como una gacela por el camino, y le informó al
comandante Fabio, que la patrulla enemiga se había puesto
en marcha.

Este aviso lo recibimos todos con el tirón de un bejuco,
dispuesto a lo largo de la emboscada para dar avisos.
Respirar profundo, afinar puntería cubriendo el área de
disparo asignada, mantener la seguridad y alimentarnos
espiritualmente de la justeza de nuestra lucha, eran las
enseñanzas de nuestro entrenamiento y eso hicimos.
El corazón late fuerte, hay un silencio mudo en la montaña
y luego de aquella larga espera, el característico ruido de
las pesadas botas militares de cuero color marrón y ojales
de aluminio por donde las sujetan los cordones, se fueron
escuchando hasta que los militares pasaron frente a
nosotros, no de a uno como lo habíamos previsto sino de a
dos entrando 12 militares donde calculamos que entraban 6
y este significativo cambio lo complicó todo o casi todo.
El combate
El fuego nutrido encendió la montaña, su ruido ensordecedor
lo cubría todo, nuestros gritos de ¡ríndanse!, estaban por
debajo del aturdidor fuego de las armas, que envolvía el
ambiente y aparecieron las dificultades:
La metra del comandante Fabio se encasquilló luego de
su primer disparo y su pistola se cayó al piso sin que lo
notara, cuando saltó de su trinchera para ponerse a salvo.
Su dedo meñique y la copa de su sombrero fueron blancos
del enemigo, sin que fueran problemas graves.
Camilo cuyos sueños de hacerse curtido guerrillero y
recuperar un arma en combate, se lanzó al camino, donde
un soldado estaba muerto.
Otro soldado vivo y atrincherado le dispara y lo hiere,
Fabio se percata y le ordena a Ramiro Plata (Aureliano) ir a
auxiliarlo, pero el mismo soldado mata a Aureliano, Camilito
un guerrillero de 16 años, se lanza a retirar a Camilo y
también muere, por disparos del mismo soldado.
En el centro de la emboscada recuperamos dos fusiles con
sus cartucheras y municiones, pero al tiempo muere Manuel
Bernardo Osorio y es herido Gonzalo.
La presión enemiga sobre la emboscada superó la resistencia
de los nuestros del grupo de contención, muriendo con
heroísmo los compañeros Domingo Leal Leal y Alfonso
Millán, mientras el personal de la emboscada se levanta en
desorden, ante el avance enemigo que copó la emboscada por
la espalda.
Cerca del cadáver de Camilo se amontonó el personal bregando
a retirar su cadáver, pero los disparos enemigos sobre los
compañeros, los hicieron replegarse de manera precipitada.
Y en el centro de la emboscada, con Marcos Vargas herido
en un brazo y en un pulmón, de dos disparos enemigos, el
médico Hermidas Ruíz (Juvenal) recién incorporado y yo,

luchábamos por retirar al herido, sin ser conscientes de la
magnitud del peligro.
A la final, pasamos casi milagrosamente por entre los soldados,
sin que se percataran de nuestra presencia logrando poner
a salvo al herido.
Saliendo del área de la emboscada nos tropezamos con el
cadáver de Domingo Leal Leal, destrozado de un balazo hasta
que nos logramos poner fuera del peligro.
Calma aparente
Solo el 16 de febrero en la tarde, ya en contacto con pobladores
amigos y escuchando las noticias, logramos comprender los
resultados adversos de la emboscada y las dolorosas pérdidas
de Camilo, Manuel Bernardo Osorio, Domingo Leal Leal,
Alfonso Millán, Aureliano plata y Camilito el joven que aún
no era mayor de Edad.
Casi dos semanas después, nos reencontramos con los demás
compañeros.
Nos abrazamos con alborozo, le entregamos a la comandancia
un fusil recuperado en la emboscada, pero todo esto se
mezclaba con el dolor de la derrota, que nos aprisionó el
corazón.
Luego se ha convertido en compromiso, fidelidad y una
fuerza incontenible para seguir adelante, fieles al ejemplo
de los caídos.
Hoy cuando sabemos que el cuerpo del comandante en
jefe Camilo Torres, fue rescatado de las siniestras fauces
del enemigo, que lo escondió sin rubor durante 60 años, le
decimos a ese sacerdote del Amor Eficaz, al dirigente popular
inigualable, a nuestro comandante en jefe: ¡Hasta siempre
comandante!, ¡Hasta siempre!
Ser de verdad Camilistas, es el reto hoy del ELN.
