Amalia Santana
En la madrugada del sábado 28 de febrero, los ejércitos de Estados
Unidos e Israel bombardearon al menos 10 ciudades en Irán,
asesinando a más de 200 personas -entre ellas decenas de niñas-, y
dejando heridas a casi 800. La mayoría de las víctimas son civiles.
El sábado vimos materializarse un nuevo acto de la
violencia y crueldad desmedida con la que EEUU y sus
socios han decidido adueñarse del mundo, y que ha sido
publicada descaradamente por Trump, en su Estrategia
de Seguridad Nacional y ratificada en el Discurso del Estado de
la Unión, del pasado martes 24 de febrero.
Mientras escuchaba el Discurso del Estado de la Unión de
Trump del pasado martes, no dejaba de pensar que estaba ante
una película de ciencia ficción o una serie distópica, de esas en
las que se disfrazan hechos y situaciones a tal punto, que la
gente termina creyendo las mentiras de verdaderos lunáticos y
criminales. Es lamentable que en pleno siglo XXI EEUU ofrezca
este espectáculo bochornoso de violencia extrema en contra de
la humanidad, con el mismo cinismo que dice defender a las
mujeres iraníes del régimen de los ayatolas, bombardea una
escuela de niñas iraníes.
Parece una distopía pero no lo es, si tenemos en cuenta que cada
vez que se recuerda el genocidio nazi, mucha gente se pregunta
escandalizada, cómo fue posible que el mundo le permitiera
a los alemanes hacer lo que hicieron. Las Naciones Unidas se
construyeron supuestamente con la promesa de impedir que
nunca más un tiranía de tal talante, pudiera imponerle al
mundo estos niveles de horror y humillación a la humanidad.
La promesa nunca se ha cumplido, pero hoy Trump se mofa de
los mismos horrores en un discurso ante el Congreso de los
EEUU, mientras la comunidad internacional guarda silencio
y la mayoría de gobiernos del mundo aceptan con sumisión la
humillación y la guerra total.
El Discurso del Estado de la Unión tiene más valor como espectáculo
de televisión. Trump instrumentalizó la presencia de atletas,
mujeres, niñas, amas de casa, ancianos y veteranos de guerra
como en un programa de variedades. En medio de una fanaticada
republicana que se ponía de pie a aplaudir cada minuto, como
en los shows que Trump presentaba antes de ser presidente; el
discurso fue una cadena de expresiones sensacionalistas, que
apelaban a emociones exacerbadas de amor y odio.

No tendría más valor que el de un espectáculo narcisista
y esnobista, de no tratarse de la reafirmación de una
declaración de guerra contra la humanidad, por parte de una
de las naciones más poderosas del mundo. El Discurso del
Estado de la Unión fue una representación teatralizada de la
Nueva Doctrina de Seguridad Nacional, publicada a finales
del año pasado, en la que para justificar la decadencia de la
civilización occidental blanca y patriarcal, que conduce a un
abismo al pueblo de los EEUU, Trump trata de‘locos y asesinos’
a los migrantes, en su mayoría latinos, y responsabiliza
del fracaso de EEUU al pueblo pobre y migrante, que ellos
mismos han arruinado a través del despojo, el saqueo y la
explotación, además de las sanciones y bloqueos criminales.
Como en el siglo XX lo hiciera Hitler con los judíos, Trump
señala a los migrantes de la pobreza de los norteamericanos.
Como en la Doctrina de Seguridad Nacional, le escuchamos
defender un ideal racista, sexista, homofóbico y excluyente
de familia tradicional, exaltando la fe cristiana y la creencia
en un dios que juzga de demonios, enfermos y criminales a
toda la humanidad, que se atreva a cuestionar la supremacía
del hombre blanco norteamericano. Incluso, a la propia
oposición demócrata del Congreso estadounidense.
En los términos más fascistas y supremacistas de la historia
de esa nación, Trump se refería a su país como la nación más
rica, más fuerte, más importante y más poderosa del mundo;
mientras ratificaba que haría lo que tuviera que hacer, para
asegurar el dominio de EEUU sobre la tierra a través de la
fuerza. EEUU amenaza con destruir cualquier nación desde
el hemisferio occidental hasta medio oriente y nadie parece
oponérsele.
Solo cuatro días después de pronunciar ese discurso de
fascismo y odio, EEUU y su socio sionista lanzan una ofensiva
militar sin procedentes contra Irán, enmarcada en lo que
Trump ya anunciaba en su Doctrina de Seguridad Nacional:
que nadie que no sea amigo de los intereses de EEUU, podrá
gobernar en medio oriente, mucho menos en unos de los
países con las mayores reservas de petróleo. Trump amenaza
y cumple su promesa de guerra total contra la humanidad.
¿Qué podemos hacer los pueblos del mundo para no ser
cómplices de esta violencia descarada, que amenaza la
existencia de la humanidad toda? Hoy, cuando el pragmatismo
y el acomodamiento a las lógicas del poder imperial domina la
agenda diplomática de nuestros gobiernos, nos corresponde
a los pueblos no ser cómplices del Holocausto en el que
los hombres blancos, ricos y poderosos de siempre, hoy
representados en Trump, pretenden sacrificar a la mayoría
de la humanidad.
